El voto electrónico: ¿avance o retroceso para la democracia?

Artículo publicado en la edición del 15 de marzo de 2008 de «El Azotador de Xochimilco».

En la anterior edición de El Azotador les hablamos de la historia de la democracia y de cómo, pese a estar muy lejos de la perfección, no ha habido mejor sistema político hasta el momento, ya que ha sido el único que ha tenido en alguna consideración el bienestar general de la población. Después les explicamos que en la Declaración Universal de los Derechos Humanos se reconoce el derecho de los ciudadanos a participar en su gobierno, ya sea directamente o participando en la elección de los gobernantes, y que en esa elección el voto ha de ser libre y secreto, es decir, cada ciudadano debe poder escoger su opción sin sufrir presiones ni temer represalias.

Explicamos que el método de voto actual se adapta bastante bien a los requerimientos expresados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, al permitir al votante emitir su voto en secreto y a introducir él mismo su voto en la urna. Se garantiza que el recuento en la caseta es correcto gracias a la presencia de observadores externos e interventores de cada uno de los partidos. Se sabe que hay irregularidades en ciertas casetas, pero argumentamos que para tener un efecto en el resultado final, deberían ser tantas esas irregularidades que no podrían pasar inadvertidas. Le dimos cifras al lector para que viera cuántos votos habría que manipular para cambiar siquiera el resultado de una elección en el 1%: si el censo electoral consta de 10 millones de personas, se tendrían que manipular 100.000 votos. Se trata de un sistema de emisión de voto bastante seguro y que permite,  en caso de que sea necesario, comprobar el resultado, ya que mientras no se destruyan las boletas, es factible realizar un recuento de todos los votos en todas las casillas.

Invitamos al lector a comparar esto con un sistema de voto electrónico o por computadora. ¿Cómo se puede garantizar que si un ciudadano escoge la opción A, la máquina no va a registrar la opción B?

Más que hablar de voto electrónico, manejemos el término más amplio de voto multicanal. El único modo de votar en México es acudiendo a una caseta. Eso sería un canal. El segundo canal abierto para los mexicanos residentes en el extranjero es el voto por correo, estrenado para las elecciones presidenciales del 2006. Ese es otro canal. En la actualidad, políticos de todo el mundo están intentando ampliar el número de canales estableciendo nuevos mecanismos de voto. Algunos ejemplos son el voto desde el teléfono celular, las máquinas de votar electrónicas instaladas en las casetas electorales, y el voto por Internet.

Hay que preguntarse por qué, si el sistema actual es sencillo y eficaz, hay necesidad de añadir esos canales nuevos. Nos dan varias razones: para abaratar el proceso electoral. Para que la gente vote más. Para dar la impresión de ser un país moderno que sabe manejar las nuevas tecnologías. Pero sobre todo, dicen que va a servir para evitar fraudes ya que esos nuevos canales limitarán la intervención humana. Veamos qué hay de cierto en esas afirmaciones.

Desde que surgieron con éxito los concursos televisivos que requieren que el espectador “vote” o “nomine” a los participantes del programa, se dice que en el Reino Unido, más gente vota en “Gran Hermano” que en las elecciones nacionales. Dicen que la diferencia es que para participar en las elecciones hay que desplazarse hasta la caseta, mientras que para votar a tu concursante favorito solo tienes que pulsar unas cuantas teclas en tu celular. Argumentar esto es demagógico. En primer lugar, comparar el decidir quién sigue concursando en un programa de la tele (asunto sin ningún tipo de importancia) con el expresar tu derecho a escoger a las personas que van a gobernar tu país es una auténtica frivolidad. En segundo lugar, intentar que se incremente la participación ciudadana en las elecciones haciéndoles más cómodo el ir a votar, es confundir las razones para la abstención. Excepto en casos muy contados, la gente se abstiene porque ha perdido la confianza en los políticos y la ilusión por la democracia o porque no ha comprendido la importancia del asunto, pero no por la incomodidad de acudir a la caseta, sobre todo en países de climas benignos como México o España. Y en tercer lugar, esta afirmación es falsa: en la edición de 2005 de la versión británica de “La Academia” el número de votos emitidos fue de 8.500.000, mientras que en las elecciones generales de ese mismo año los electores que acudieron a votar fueron más de 27 millones.

La razón del coste es totalmente ridícula: la única manera en que se reducirían costes sería si se pudiese evitar ese gran reto logístico que supone montar casetas electorales por todo el país, dejando solamente abiertos los canales que permiten el voto a distancia, es decir, el voto por Internet y por celular. Eso hoy por hoy no es factible, ya que ni en México, ni en ningún país del mundo, se puede garantizar que absolutamente todos los ciudadanos son capaces de manejarse con esos medios telemáticos de manera tan avanzada como para ejercer el voto a través de ellos. Recuerden que el voto ha de ser libre y secreto. Alguien con dificultades para utilizar herramientas tecnológicas dependería de terceras personas que le ayudaran a emitir su voto, y en ese caso no sería secreto, y probablemente tampoco libre: sea por coacción, por gratitud o porque le engañan, ese ciudadano acabaría votando lo que le dijese quien le está ayudando. Y si hay que montar máquinas de voto electrónico en todas las casetas, pues imagínense el gasto. Si hoy en las escuelas solamente hay que sacar las urnas y las cabinas que han guardado polvo durante seis años, esté seguro que la máquina de voto electrónico habrá que comprarla nueva cada vez. Esta es una de las claves de por qué insistir en voto electrónico: para que ciertas empresas se lleven unos jugosos contratos a costa del erario público.

Todavía no hemos enumerado las áreas que más problemas plantea este asunto del voto electrónico, aunque hemos mencionado el primero: el votante no puede estar seguro de que su voto no está siendo manipulado (conscientemente o debido a un “error informático”) por el sistema. Si en las democracias actuales ya hay un alto nivel de apatía entre los votantes y poca confianza en los políticos, imagínense qué pasaría si ni siquiera se pudiese emitir el voto y salir de la caseta con la seguridad de que al menos en esa urna está nuestro voto.  El segundo problema, también muy importante, es que nadie nos puede asegurar que el sistema no está guardando  nuestro nombre (o número de credencial de elector) junto con nuestro voto. Esto acaba con el secreto de voto y cabe recordar que en muchos países que se hacen llamar democracias, como Rusia, han acabado en la cárcel o incluso han llegado a desaparecer personas con  base en su apoyo a partidos de la oposición. En un ambiente de ese estilo, las personas contrarias al partido en el poder no votarían libremente. Y el tercer problema es que si votamos por Internet o por mensaje de celular no queda constancia física del voto emitido. En caso de que se diera un problema con el sistema central de conteo (y no sería la primera vez que pasa en México) sería imposible volver a realizar el recuento. En el mejor de los casos los comicios se deberían repetir, y es un proceso logísticamente complicado y costoso económicamente.

No obstante, el voto electrónico está pisando fuerte en el mundo. Hay lugares donde se llevan varios años utilizando máquinas de voto, como en Estados Unidos. Es precisamente en el vecino país del norte que más se dieron a conocer los problemas de fiabilidad de estos sistemas, al provocar en el año 2000 que ganase George W. Bush las elecciones debido a una “mala calibración” de las máquinas de voto electrónico (o según malas lenguas, una manipulación totalmente intencionada por parte del fabricante) en los colegios electorales de Florida. Brasil va a tener el dudoso honor de ser el primer país del mundo que celebra elecciones 100% electrónicas. Aunque sus sistemas han sido desarrollados íntegramente en Brasil y proporcionan cierta garantía de transparencia, éstos no proporcionan al votante un resguardo del voto emitido, por lo que resultaría imposible realizar un recuento manual en caso de sospecha de manipulación del conteo automatizado. Bélgica y Estonia son otros países donde las pruebas del sistema están muy avanzadas. Y prácticamente todos los países, presionados por las empresas proveedoras, están considerando el tema.

Por supuesto, a excepción quizás de Brasil, cuyos sistemas han sido creados con código abierto y por lo tanto auditables por ciudadanos con conocimientos informáticos avanzados, ningún gobierno se preocupa del recelo que los electores puedan tener hacia un sistema de este estilo. Parecen demasiado emocionados ante un contrato tan jugoso para sus socios tecnológicos, y ante la capacidad de poder modificar a voluntad el voto e incluso poder obtener listados de simpatizantes y detractores de su partido.  Y por supuesto, cuando se ponen a defender las bondades del sistema de voto electrónico, ninguno menciona el derecho a voto libre y secreto que estipula la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Finlandia: el gobierno niega a un ciudadano el derecho a estudiar el sistema de voto electrónico

En el anterior número de EDRI-Gram, la publicación periódica de EDRI, leimos que un ciudadano finés pidió documentación al ministerio de justicia sobre el sistema de voto electrónico que el gobierno de dicho país va a utilizar en las elecciones municipales de 2008.

La respuesta del ministerio, ¿cuál ha sido? Obviamente se han negado a proporcionar dicha información. ¿Las razones esgrimidas? Por un lado «para no comprometer la seguridad del sistema» y por el otro, «para proteger la propiedad intelectual» de la empresa que proporciona el sistema, la española Scytl.

¿A qué se enfrenta el ciudadano finés cuando acuda a votar y decida usar ese sistema de voto electrónico? Pues a lo que digo yo una y otra vez. Que no hay manera para ese ciudadano de saber que aunque escoja A, la máquina no va a marcar B. Así como no tiene manera de saber si su voto se va a registrar conjuntamente con su número de votante, violando así su derecho al voto secreto.

Que no te engañen con titulares como «el voto electrónico habría salvado un bosque de 22.000 árboles«. Eso es demagogia pura y dura. Chantaje emocional. ¿Quién se atreve a oponerse a la tala de árboles en nombre de no-sé-qué Declaración Universal de los Derechos Humanos y el derecho al voto libre, secreto y sin manipulación allá contemplado?

Actualización: He creado una página en la vigipedia para registrar los artículos demagógicos sobre voto electrónico que vayan saliendo en prensa. Pido ayuda. Si os encontráis con alguno, por favor avisad, o incluso mejor, actualizad el wiki vosotros mismos. Esta es la entrada: Voto electrónico.

El Wall Street Journal denuncia el auge del totalitarismo gracias al control ciudadano

Creeping totalitarism (totalitarismo en auge) es el título del artículo de ZDNet que me ha llevado hasta las páginas del Wall Street Journal. En este prestigioso diario estadounidense de actualidad económica se hacen eco del aumento de la actividad de espionaje interno (a ciudadanos estadounidenses) que está llevando a cabo la NSA (Agencia de Seguridad Nacional).

Hablan de esto ahora mismo porque la Patriot Act, que regulaba (o desregulaba, según se mire) las acciones de vigilancia, supervisión y espionaje que podían llevar a cabo las agencias de seguridad gubernamentales caducó hace unos meses, y en la actualidad se está debatiendo en el congreso.

Si el Wall Street Journal entiende que una renovación tal cual de esas leyes, que prácticamente daban carta blanca al gobierno de Estados Unidos a espiar hasta el último movimiento y la última comunicación del último ciudadano del país en nombre de la «amenaza terrorista» lo que hace es poner en serio peligro el sistema democrático del país que más se jacta de ser libre, mal tiene que estar la cosa.

Primera campaña publicitaria para extraterrestres

Va en serio. Doritos acaba de lanzar la primera campaña publicitaria para extraterrestres. Cuentan con la ayuda de científicos de la universidad de Leicester en el Reino Unido, y se trata de conseguir que los terrícolas devoradores de triángulos de maíz compitan por ser los creadores del texto que se va a enviar al espacio.

Dicen en El Universal:

El proximo 12 de junio, el anuncio seleccionado será emitido por medio de un radar de Ultra Alta Frecuencia de 500 Megahertz desde el Centro Espacial EISCAT en Svalbard, que se encuentra en el Océano Ártico, aproximadamente a mitad de camino entre el norte de Noruega y el Polo Norte.

La transmisión estará dirigida a un sistema solar a 42 años luz de distancia de la Tierra con planetas que orbitan alrededor de la estrella Ursae Majoris 47 (UMa). 47 UMa se encuentra en la Constelación de la Osa Mayor, fácilmente identificable incluso por los más aficionados observadores del cielo. Es muy similar a nuestro Sol y se cree que posee una zona habitable con pequeños planetas terrestres en donde la vida podría existir.

Esta noche empiezo a escribir el guión de una película… La invasión de los comedores de Doritos.

Lo leí en El Universal de México. También tenéis la noticia en The Telegraph (en inglés).

Microsoft presenta Internet Explorer 8 a reducido grupo de probadores. Prometen cumplir con los estándares…

Leo en MIT Technology Review que Microsoft ha lanzado una beta muy beta de su próximo navegador, Internet Explorer 8.

En su presentación en una conferencia de desarrolladores para la Web en Las Vegas, prometieron que «cumplirían los mismos estándares que el resto de navegadores». No mencionan el W3C ni que los maten. Pero prometen que cumplirán con CSS 2.1.

El periodista apunta a que este anuncio está relacionado con un intento más de evitar multas por control monopolista del mercado.

Yo creo que los tiros van por otro lado. Leemos en ese artículo que quieren hacer que el navegador sea más «amigable» con el usuario. Por ejemplo, quieren que clicar el botón derecho les dé opciones como: «buscar este término en Microsoft Live», «buscar esta ciudad en Live Maps, ……..».

Sí, mucho CSS 2.1, pero esto tiene pinta de ser un navegador que va a dirigir a los usuarios como borreguitos hacia los servicios 2.0 de Microsoft.

¿Para cuándo una nueva multa?

Los códigos postales, ¿objeto de copyright?

Estaba buscando documentación sobre el tema del voto electrónico (no creeríais que había abandonado el tema tras los posts de hace unas semanas, ¿verdad?) y me topé con este comentario de Jason Kitcat, parlamentario británico del Partido Verde, consultor sobre Sociedad e Internet y experto en el tema mencionado anteriormente.

Nos informa que en el Reino Unido, los códigos postales son propiedad de Royal Mail, y que cobran «royalties» si los quieres usar para alguna aplicación (tienes que comprar la base de datos de códigos postales, lo sé por experiencia, yo la tuve que comprar para el trabajo y si no recuerdo mal, la broma sale en 3.000 libras esterlinas).

El detalle está en que ¡esto se le cobra hasta al resto de administraciones públicas!

El domingo hay que ir a votar

Ya sabemos que los políticos muchas veces son como para pegarles con un calcetín sudado. Todos estamos hastiados de estas campañas electorales que son más machaconas, cansinas y falsas que el «ya es primavera en El Corte Inglés» (no sé vosotros, pero yo hoy tengo frío y la primavera se me hace lejana aunque insistan en la tele). Todos tenemos la mosqueante sensación de que nos están engañando con tanta promesa electoral. Eso es innegable.

Pero también es verdad que estamos en la ÚNICA época de la historia en que tú y yo, personas comunes y corrientes, tenemos derecho a escoger al gobierno de nuestro país, o si tenemos ganas de invertir mucho tiempo, incluso tenemos el derecho a presentarnos como candidatos. Y el derecho de participar en el gobierno de nuestro país es un derecho que no podemos permitirnos perder. Y la única manera de que se mantenga ese derecho es que lo ejercitemos activamente.

Si perdemos el derecho a elegir mediante el voto, ganan los que usan las pistolas para expresarse, para imponer su voluntad.

Y si verdaderamente no quieres votar a ninguno de los partidos «grandes», por favor participa entregando tu voto a cualquier pequeña plataforma (excepto a las de extrema derecha, eso sí es una orden). Qué tal votar por el partido de los jubiletas. O el partido antitaurino. El verde. ¡Hay tantas opciones donde escoger que representen tu malestar sin que dejes de disfrutar de tu derecho a votar!

Yo sí sé quién no quiero que gane. No quiero que gane el Partido Popular, y este blog es corto para enumerar todas las razones. Voy a poner una desde el punto de vista internauta: me jodió mucho que Rajoy utilizara lo del canon para hacer campaña. Me pareció ruin que dijera la primera parte de lo que piensa hacer (quitar el canon) sin decir la segunda parte (quitar el derecho a la copia privada sin ánimo de lucro). ¡¡Y eso de poner a Pedro Farré, abogado de la SGAE, de Frikipedia fama, como moderador en una de las mesas en el Diálogo PPopular, ese engendro que se inventó el PP para hacérselas de guays y de «modelnos»!! Uffff, cómo me pongooooo…

Perdón por el ladrillo, pero no podía dejar pasar el día sin decir que se lo debemos a los que han luchado (y demasiados, muerto) por defender nuestras libertades. Siento coincidir con el eslógan de un partido concreto, pero llueva o haga sol, el domingo tenemos que ir a votar.

El Utilómetro: ¿cuánto importa tu voto?

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Me acabo de topar con el Utilómetro, una página Web que, en base a una serie de datos del censo electoral, ley d’Hont y sondeos de intención de voto, te indica, según tu provincia y elección de voto, cuán importante es que vayas a votar.

Nuestra democracia es imperfecta pero mil veces mejor que cualquier cosa que hayamos tenido antes en España, por eso yo pienso ir a votar siempre y apuesto fuerte por no dejar que la democracia se debilite (yo estoy más por hacerle cambios para fortalecerla).

Juega con el Utilómetro, pero por favor, el domingo ve a votar.

TR10: infiere la realidad a partir (de no tan futuros usos) del móvil

El otro día leyendo la revista MIT Technology Review me encontré con esta perla de artículo: TR10: Reality Mining. El título es muy sugestivo: da a entender que a base de explotación de datos (o data mining) se puede inferir la realidad.

Copio y pego (en inglés), luego traduzco:

«Some people are nervous about trailing digital bread crumbs behind them. Sandy ­Pentland, however, revels in it. In fact, the MIT professor of media arts and sciences would like to see phones collect even more information about their users, recording everything from their physical activity to their conversational cadences. With the aid of some algorithms, he posits, that information could help us identify things to do or new people to meet. It could also make devices easier to use–for instance, by automatically determining security settings. More significant, cell-phone data could shed light on workplace dynamics and on the well-being of communities. It could even help project the course of disease outbreaks and provide clues about individuals’ health. Pentland, who has been sifting data gleaned from mobile devices for a decade, calls the practice «reality mining.»

«Hay gente que se pone nerviosa por dejar un reguero de migajas digitales tras ellos. Sandy Pentland, no obstante, se regocija con esto. De hecho, a este profesor del MIT de artes en los medios y ciencias le encantaría que se recogieran todavía más datos sobre sus usuarios, registrando todo, desde su actividad física a sus cadencias de conversación. Con la ayuda de ciertos algoritmos, afirma, esa información nos ayudaría a identificar cosas que hacer o personas a las que conocer. También podría hacer que los dispositivos fuesen más sencillos de utilizar, por ejemplo, podrían determinar automáticamente los parámetros de seguridad. Más importante, la información que proviene de teléfonos móviles podría aclararnos bastantes dudas sobre dinámicas en el lugar de trabajo y en la salud de las comunidades. Incluso podría ayudar a proyectar el progreso de la propagación de enfermedades y proporcionar pistas sobre la salud de personas concretas. Pentland, que lleva una década filtrando datos recogidos de teléfonos móviles, llama a estas prácticas «explotación de datos de la realidad».

A esto, señor Pentland, le llamo yo «mi peor pesadilla«.

Y lo malo es que está en marcha. En el reciente World Mobile Congress (3GSM para los amigos), tuve la oportunidad de darme una vuelta por el stand de NTT DoCoMo (la Telefónica japonesa), y allá me topé con un modelo de móvil que servía para ir al gimnasio, porque disponía de unos sensores que recogían ciertos parámetros vitales de su propietario: ritmo cardiaco, podómetro, etc.

Como no encuentro mi foto de dicho teléfono junto a una cinta de correr, aquí os dejo un link a un artículo de un foro de «fitness» australiano sobre un dispositivo similar desarrollado por Samsung, el miCoach.

Tecnologías de la información y la comunicación, libertad individual, derecho a la privacidad. ¿Cómo lograr que los avances en lo primero no afecten negativamente ni a lo segundo ni a lo tercero?