Nuevas directrices para el diseño de sitios Web accesibles

El W3C acaba de publicar la segunda versión del WCAG: directrices de accesibilidad para contenido en la Web.

Vale la pena comprender por qué seguir un estándar es imprescindible si queremos que nuestros sitios Web puedan ser consultados por personas que por razones de la vida no pueden usar una pantalla y un teclado como la mayoría de nosotros, echarle un buen vistazo al documento, y comprobar cuán compatible con WCAG son nuestros sitios Web.

El nuevo traje del emperador. El ciervo y el caballo. Los Hedge Funds

Todos conocemos la fábula del emperador y su nuevo traje invisible. No nos es tan familiar la versión china del asunto, sobre un consejero que le regaló al emperador un ciervo asegurándole que era un caballo, pero la moraleja es exactamente la misma.

Tenemos nueva versión siglo XXI. Se llaman hedge funds, en España conocidos como fondos desestructurados. Porque yo me parto. En 2007, la prensa económica nos decía que estos productos financieros tan finos solo eran para personas inteligentes y experimentadas (no se pierdan la metáfora de los vinos buenos). Pero hoy, a finales del 2008, solo se oye hablar de la fenomenal estafa de Bernard L. Madoff, ex presidente del NASDAQ y gestor de dichos fondos de inversión. Estafa que se ha saldado con un agujero de cincuenta mil millones de dólares. Pongámoslo con cifras: 50.000.000.000 dólares. Un cinco seguido de diez ceros. Cincuenta millones de veces el sueldo mensual de un español medio. Da mareo verlo.

Y miren por donde, esos experimentados catadores de vino, exquisitos clientes capaces de comprender las virtudes de los fondos desestructurados, de repente no nos parecen tan inteligentes. Se han pillado los dedos y bien pillados: El Banco Santander reporta que sus clientes han perdido 2.300 millones de euros en inversiones de hedge funds (y otros) gestionados por ese simpático señor de Nueva York.

Y es que hay cosas que nunca cambian. Vestidos transparentes, caballos con astas… inversiones que no hay quien entienda pero que mediante «ingeniería financiera» consiguen convertir cuatro pesetas en un duro.

La efímera vida de la libertad de expresión en Internet

Shock del sábado. Estoy consultando cierta información en la Wikipedia, observo una falta de ortografía, doy a «editar» para corregirla y… me topo con esto.

Este es el resultado del asunto Scorpions que ha llegado a la prensa esta semana. Resulta que los ¿moralistas? de la internet watch foundation han decidido que no les gusta la portada del disco «virgin killer» de Scorpions, y muy ¿consecuentemente? han incluido toda la Wikipedia en la lista negra de sitios de pederastia para el Reino Unido.

Una cosa es saber que los bloqueos son posibles. Que se dan en Cuba, en China, en Irán. Más fuerte es saber que el Estado español, a través de la LISI, se reserva el derecho de censurar si «puede haber impacto malo para la economía».

Pero ir a borrar una simple «s» en un artículo sobre historia naval china y ver que no te dejan… eso pone los pelos de punta.

Si algo gordo pasa de verdad en el mundo… no contéis con Internet para ningún tipo de organización.

Irán: más censura en la red

El fiscal de Teherán ha anunciado que se van a poner más fuertes con los administradores y creadores de contenidos en Internet que resulten ser antirreligiosos, decadentes o inmorales. Me parece terrible, claro está. Pero la reflexión que quiero apuntar es otra: lo que pase en Irán sí está bien visto criticarlo. Pero cuando decimos que Europa toma una dirección similar (matiz totalmente diferente, pero hacia el mismo norte), ¿por qué nos llaman paranoicos, exagerados, destructivos, que diría la Jurado qepd?
disclaimer enorme: yo a los que se dedican (o practican) la pedofilia les pegaba un tiro entre ceja y ceja.

España tiene un problema. ¿¿Solo uno??

A veces hablo de cosas que no tienen relación con la privacidad, y esta es una de esas ocasiones.

Desde hace unos días le estaba dando vueltas en la cabeza a algo, pero ahora he recibido una comunicación que me ha empujado a hacer públicas estas reflexiones. A riesgo de sonar como Aznar o un reaccionario franquista, he llegado a la conclusión de que en España hemos perdido el oremus.

Comencemos por el principio. La semana pasada tuve la suerte de estar en Barcelona. El viernes, tapeando con unos amigos en una excelente sidrería en C/Nàpols con Diputació (con unos patrones de excelente calidad humana y donde sirven la mejor sidra y productos asturianos de Barcelona en lo más parecido a un lagar que se puede encontrar lejos del Norte), nos encontramos con unos turistas japoneses a los que saludamos brevemente. Al rato nos volvimos a topar con ellos en la calle. Iban buscando la Sagrada Familia, estaba oscuro, nosotros íbamos en esa misma dirección y les acompañamos. Esta hubiese sido nuestra reacción con cualquier persona, de Zimbabue o de Avila, pero es que además si tenemos en cuenta el tratamiento exquisito que recibimos en Japón en incontables ocasiones de manos de personas que a las que abordábamos en la calle con nuestra mejor sonrisa, una inclinación y un “sumimasen” (perdone, disculpe, le puedo pedir un favor….), es imposible que nunca jamás en la vida dejemos desasistido a un nipón en la circunstancia que sea. Hay cosas que nunca se olvidan.

Cuando acabaron de tomar las fotos pertinentes al templo expiatorio, se nos unieron de nuevo para tomar una cerveza en el sorprendentemente decente bar, dada su ubicación turística, Xamfrà Gaudí. En una mezcla de japonés para vacaciones, inglés escrito pero no hablado, y lenguaje universal, nos comunicamos lo suficiente para pasar una muy buena velada. Tanto es así que decidimos vernos el día siguiente para cenar.

Ese sábado los llevamos a uno de nuestros sitios favoritos de la zona para tapear y comer pescado y marisco decente, el Jaizkibel. Siempre he pensado que los camareros de ese establecimiento son de Marte y yo de Venus, porque no me acabo de llevar bien con ellos, pero siempre los he considerado “pintorescos” y qué leches, las tapas y el marisco están buenísimos, cosa harto difícil de encontrar en Barcelona. Bueno, pues cuando vieron a la comitiva de japoneses entrar se les pusieron los ojos con forma de euro, era una cosa exagerada. Con artes casi propias de trileros intentaron colarle a nuestros compañeros el marisco “que les dio la gana” (=el más caro) haciendo como que malentendían el producto que apuntaban con el dedo. Menos mal que iban con “la vigilanta” que tiene mucha deformación profesional, y con el oído biónico fue capaz de detectar y consecuentemente parar una orden a la barra de servir ¡¡medio kilo de percebes!! al no módico precio de 20 euros los 100 gramos. Para información y para romper estereotipos: en Tokyo los precios de los alimentos son MÁS BARATOS que en Barcelona, y nuestros recientes amigos no son del tipo de vaciar de diamantes todas las joyerías a golpe de VISA. Durante la cena, pude seguir escuchando los comentarios en la barra (de la cual me separaba una partición muy delgadita), no del todo agradables que digamos sobre mis amigos y lo “agarraos y liantes” que estaban siendo. Una cuenta más que aceptable por los escasos 40 minutos que estuvimos sentados (medio kilo de percebe no, pero Rioja del 96, sí), con “la que está cayendo” y la de mesas vacías que había, no me pareció mala cosa, pero esa no era la opinión de los restauranteros. Me fui indignada, no solo porque el turismo representa el 11% del PIB del país (supongo que podemos doblar esa cifra si nos restringimos a la economía barcelonesa), sino porque ¿qué tipo de gente somos que no tratamos bien a nuestros visitantes, que además nos están dando un negocio más que aceptable? Siento que es más bien al contrario, queremos tratarlos como sacos de dinero con patas y hacer el agosto a costa de ellos. Sé perfectamente que este restaurante no es la excepción, sino la norma. Lo que no es habitual es que el grupo de japoneses catalogados inmediatamente como “ricos” lleguen con una “vigi” con oído biónico que se entera de todo. (Si os estáis preguntando si fue una putada que privase a nuestros amigos de un atracón de percebes, os he de decir que lo que más les gustó, y con diferencia, fue el plato más humilde de la mesa: ¡los chipirones fritos! Los percebes les parecieron solamente “interesantes” y si no llega a ser porque las que sabíamos lo que costaban insistimos en pasar el plato por la mesa, de los 200 gramos servidos no se hubiesen comido ni 20.

Hoy he recibido un email de mis amigos. Su visita relámpago a Barcelona y Madrid ya ha acabado. Con un tremendísimo mal sabor de boca: el único día que pasaron en Barcelona y que no estuvimos con ellos les robaron todas sus bolsas. Me parece que ni ellos, ni sus amigos y familiares, ni ninguno de los amigos y familiares de sus amigos y familiares van a poner otra vez en la vida un pie en España. No hay Sagrada Familia ni Museo del Prado que compense la sensación de sentirse tan indefenso y desamparado.

Es el nuestro un país curioso. El que más roba es el más alabado, el que se atreve y no se le pilla es el que tiene “los güevos más grandes”. Algunos ingenuos llegamos a pensar a principios de los 90 del siglo pasado que la “cultura del pelotazo” acabaría con el castigo ejemplificador a Mario Conde. Pero no, debo volver a leer a los clásicos, el Lazarillo de Tormes somos todos. Desde industrias enteras que se dedican a falsificar sus cuentas para recibir subvenciones (confesión de la confederación de concesionarios aquí) hasta empresas que embellecen escandalosamente sus cuentas para poder pedir préstamos más grandes (Martinsa revalorando terrenos de Fadesa a un ¡¡19.000% de su valor inicial!!) y el Estado, es decir, tú y yo, endeudándose para salvarles el culo. Siempre he dicho que los países anglosajones son corruptos más a lo grande pero muchísimo más hipócritas. Y esa hipocresía en este contexto creo que es buena. Porque el enorme cinismo que se da en España al respecto de esto no hace gran cosa por la cultura del esfuerzo y el trabajo. Si los que especulan son rescatados por el gobierno, si Alejandro Sanz y sus tremendamente horteras canciones le proporcionan una cantidad de coches de lujo y ti@s buen@s que jamás en la vida un ingeniero, científico o administrativo siquiera puede soñar a menos que le toque “el gordo”, ¿¿qué esperanzas hay de que la imprescindible “productividad” se manifieste en nuestra economía??

Chicos, yo de verdad, haría las maletas y me largaría. ¡Ah caray! ¡¡Si ya lo he hecho!!

La auditoría, la única cura posible ante abusos en acceso a datos confidenciales

Hace un par de días, aprovechando el «do you poken?» , aseguré que la mayor parte de problemas con datos personales se deben a almacenamiento incontrolado de estos datos en dispositivos portátiles (CD, DVD, llaves USB, discos duros portátiles, laptops, PDAs…), mucho más que a «intrusiones no deseadas» a sistemas de información.

Hoy leo que Schneier dedica un artículo a la otra componente (que me dejé) de estos accesos indeseados o pérdidas de datos personales: el abuso por parte de personas que por su trabajo requieren acceso a dichos datos.

Schneier lo ejemplifica con el acceso a datos personales de Barack Obama que han ocurrido durante las «pre» y campaña electorales. Y con buen criterio ofrece la única solución (o medida paliativa) para este problema: las auditorías. Es que esto es más viejo que el propio mundo. Demasiadas personas funcionan de esta manera: solo si sabes que eres responsable de tus acciones, y que si «la cagas» lo vas a pagar, no haces cosas que no deberías. Schneier insiste mucho en este punto porque el poder, abusivo como es por naturaleza, está intentando escaquearse del escrutinio público, y de esto solamente pueden salir abusos y problemas. Ejemplo: las escuchas de la National Security Agency estadounidense sin orden judicial.

UK: Rate your mate, acusa a tus amigos


El otro día iba caminando por el college y me llamó la atención un panfleto de colores abeja maya y con un texto llamativo: derrapes con el freno de mano. Yo los inventé.

Se trata de la iniciativa británica «rate your mate», que resultará familiar, versión 2008, a los que hayan leído 1984. Se trata de un programa para que los jóvenes puedan denunciar a sus amigos que conducen mal, o que lo hacen borrachos. Es una cosa muy dospuntocerista: te das de alta en la Web r8urm8.com (nada críptico por estos lares: es como se escribiría en SMS británico «rate your mate»), buscas a tus amigos, y a partir de ahí les das nota sobre cómo se comportan al volante. Si todo va bien, prometen premios y descuentos en el seguro. Si los amigos te dan malos reportes, solamente avisan que «tus amigos te dejarán muy solo». Lo que hagan realmente las autoridades con esos datos… solamente ellos lo saben. Mi apuesta: van a ganar un dinero con ese fichero de «conductores penosos» por el cual las compañías de seguros seguro que se rascarán el bolsillo.

El problema de los borrachos al volante, así como el de los jovencitos que no son conscientes de que un «game over» al volante es un «game over» de verdad, es muy serio. Pero ¿es la solución crear un procedimiento para acusar pública y anónimamente a tus amigos?

Roban datos bancarios de 21 millones de alemanes

A través del periódico mexicano El Universal nos enteramos de que corre por el mercado negro un fichero con los datos personales, incluyendo los de patrimonio y las cuentas bancarias, de 21 millones de alemanes.

Esto se descubrió como parte de una investigación periodística del diario económico Witschafswoche. Según esta publicación, se pedían 12 millones de euros por dicha información personal. Ya han realizado la correspondiente denuncia en los juzgados de Düsseldorf.

¿Quién hablaba el otro día sobre la vida privada como producto?

Do you poken? ¡Ni de coña!


A través de El Navegante me entero de la existencia de los poken, la última idea ultracool para la generación Facebook. Antes de explicar qué son los Poken y por qué nos han llamado la atención, déjenme explayarme un poquito sobre este último nuevo término periodístico. El Facebook, en mi experiencia, lo tiene to’quisqui de 0 a 50 años para ver las fotos de las vacaciones de sus amigos, porque aquellas largas e interesantísimas quedadas «para ver las fotos» han desaparecido (¡menos mal!), así que esa generación Facebook va a ser la más grande de la historia, ¿no?

En los entornos que tienen que preocuparse, por ley y por supervivencia, de la seguridad y privacidad de datos, se están prohibiendo las llaves USB y demás dispositivos portátiles de almacenamiento de datos. ¿Por qué? Pues porque se nos hace muy fácil meterles datos, pero más fácil todavía es perderlos. Lean la prensa británica cualquier día y es prácticamente seguro que se van a encontrar un escándalo de pérdida de datos. Rara vez dicho escándalo es por debilidad de un sistema y consecuente acceso no autorizado a él. Prácticamente siempre el escándalo es debido a la pérdida de un dispositivo de almacenamiento de datos, ya sea un CD o DVD con los datos de todos los contribuyentes, un disco duro portátil con los datos de los clientes de una importante tarjeta de crédito, una llave USB con los datos de los presidiarios de una región concreta, la BlackBerry de un espía del MI5 o un portátil del ministerio de defensa, etcétera.

Pues bien, ahora unos cuantos «iluminados» deciden inventar los Poken, unos cacharros con forma de animalito que permiten intercambiar los datos de contacto en varias redes sociales (Facebook, MySpace, etc. etc.) con solo poner en contacto las manitas de los respectivos Poken (entendemos que mediante una conexión Bluetooth). Estos bichos pueden guardar hasta 64 perfiles de amigos, además del propio. Se descargan al ordenador a través del puerto USB, y de ahí los detalles van a las redes sociales en las cuales se encuentran nuestros nuevos amigos.

Dos cosas: en primer lugar, la ley de Metcalfe dictará si esta cosa es un éxito o bien si resulta más inútil que un video Beta en 2008. En segundo lugar, por muy mono que sea el bichito, no deja de ser un dispositivo USB, tan pequeño y perdible como cualquier otro. No me parece buena idea llevar datos personales de este modo (y los de contacto en Facebook lo son), pero todavía me parece peor la posibilidad de que alguien se haga pasar por mí y se ponga a crearme amigos «de dudosa reputación» (no van a ser pederastas, descuiden: serán cuentas comerciales encargadas de bombardear con publicidad no deseada) en mis perfiles personales.

Si la gente piensa, el Poken durará más bien poko.

Tecnologías de la información y la comunicación, libertad individual, derecho a la privacidad. ¿Cómo lograr que los avances en lo primero no afecten negativamente ni a lo segundo ni a lo tercero?