España tiene un problema. ¿¿Solo uno??

A veces hablo de cosas que no tienen relación con la privacidad, y esta es una de esas ocasiones.

Desde hace unos días le estaba dando vueltas en la cabeza a algo, pero ahora he recibido una comunicación que me ha empujado a hacer públicas estas reflexiones. A riesgo de sonar como Aznar o un reaccionario franquista, he llegado a la conclusión de que en España hemos perdido el oremus.

Comencemos por el principio. La semana pasada tuve la suerte de estar en Barcelona. El viernes, tapeando con unos amigos en una excelente sidrería en C/Nàpols con Diputació (con unos patrones de excelente calidad humana y donde sirven la mejor sidra y productos asturianos de Barcelona en lo más parecido a un lagar que se puede encontrar lejos del Norte), nos encontramos con unos turistas japoneses a los que saludamos brevemente. Al rato nos volvimos a topar con ellos en la calle. Iban buscando la Sagrada Familia, estaba oscuro, nosotros íbamos en esa misma dirección y les acompañamos. Esta hubiese sido nuestra reacción con cualquier persona, de Zimbabue o de Avila, pero es que además si tenemos en cuenta el tratamiento exquisito que recibimos en Japón en incontables ocasiones de manos de personas que a las que abordábamos en la calle con nuestra mejor sonrisa, una inclinación y un “sumimasen” (perdone, disculpe, le puedo pedir un favor….), es imposible que nunca jamás en la vida dejemos desasistido a un nipón en la circunstancia que sea. Hay cosas que nunca se olvidan.

Cuando acabaron de tomar las fotos pertinentes al templo expiatorio, se nos unieron de nuevo para tomar una cerveza en el sorprendentemente decente bar, dada su ubicación turística, Xamfrà Gaudí. En una mezcla de japonés para vacaciones, inglés escrito pero no hablado, y lenguaje universal, nos comunicamos lo suficiente para pasar una muy buena velada. Tanto es así que decidimos vernos el día siguiente para cenar.

Ese sábado los llevamos a uno de nuestros sitios favoritos de la zona para tapear y comer pescado y marisco decente, el Jaizkibel. Siempre he pensado que los camareros de ese establecimiento son de Marte y yo de Venus, porque no me acabo de llevar bien con ellos, pero siempre los he considerado “pintorescos” y qué leches, las tapas y el marisco están buenísimos, cosa harto difícil de encontrar en Barcelona. Bueno, pues cuando vieron a la comitiva de japoneses entrar se les pusieron los ojos con forma de euro, era una cosa exagerada. Con artes casi propias de trileros intentaron colarle a nuestros compañeros el marisco “que les dio la gana” (=el más caro) haciendo como que malentendían el producto que apuntaban con el dedo. Menos mal que iban con “la vigilanta” que tiene mucha deformación profesional, y con el oído biónico fue capaz de detectar y consecuentemente parar una orden a la barra de servir ¡¡medio kilo de percebes!! al no módico precio de 20 euros los 100 gramos. Para información y para romper estereotipos: en Tokyo los precios de los alimentos son MÁS BARATOS que en Barcelona, y nuestros recientes amigos no son del tipo de vaciar de diamantes todas las joyerías a golpe de VISA. Durante la cena, pude seguir escuchando los comentarios en la barra (de la cual me separaba una partición muy delgadita), no del todo agradables que digamos sobre mis amigos y lo “agarraos y liantes” que estaban siendo. Una cuenta más que aceptable por los escasos 40 minutos que estuvimos sentados (medio kilo de percebe no, pero Rioja del 96, sí), con “la que está cayendo” y la de mesas vacías que había, no me pareció mala cosa, pero esa no era la opinión de los restauranteros. Me fui indignada, no solo porque el turismo representa el 11% del PIB del país (supongo que podemos doblar esa cifra si nos restringimos a la economía barcelonesa), sino porque ¿qué tipo de gente somos que no tratamos bien a nuestros visitantes, que además nos están dando un negocio más que aceptable? Siento que es más bien al contrario, queremos tratarlos como sacos de dinero con patas y hacer el agosto a costa de ellos. Sé perfectamente que este restaurante no es la excepción, sino la norma. Lo que no es habitual es que el grupo de japoneses catalogados inmediatamente como “ricos” lleguen con una “vigi” con oído biónico que se entera de todo. (Si os estáis preguntando si fue una putada que privase a nuestros amigos de un atracón de percebes, os he de decir que lo que más les gustó, y con diferencia, fue el plato más humilde de la mesa: ¡los chipirones fritos! Los percebes les parecieron solamente “interesantes” y si no llega a ser porque las que sabíamos lo que costaban insistimos en pasar el plato por la mesa, de los 200 gramos servidos no se hubiesen comido ni 20.

Hoy he recibido un email de mis amigos. Su visita relámpago a Barcelona y Madrid ya ha acabado. Con un tremendísimo mal sabor de boca: el único día que pasaron en Barcelona y que no estuvimos con ellos les robaron todas sus bolsas. Me parece que ni ellos, ni sus amigos y familiares, ni ninguno de los amigos y familiares de sus amigos y familiares van a poner otra vez en la vida un pie en España. No hay Sagrada Familia ni Museo del Prado que compense la sensación de sentirse tan indefenso y desamparado.

Es el nuestro un país curioso. El que más roba es el más alabado, el que se atreve y no se le pilla es el que tiene “los güevos más grandes”. Algunos ingenuos llegamos a pensar a principios de los 90 del siglo pasado que la “cultura del pelotazo” acabaría con el castigo ejemplificador a Mario Conde. Pero no, debo volver a leer a los clásicos, el Lazarillo de Tormes somos todos. Desde industrias enteras que se dedican a falsificar sus cuentas para recibir subvenciones (confesión de la confederación de concesionarios aquí) hasta empresas que embellecen escandalosamente sus cuentas para poder pedir préstamos más grandes (Martinsa revalorando terrenos de Fadesa a un ¡¡19.000% de su valor inicial!!) y el Estado, es decir, tú y yo, endeudándose para salvarles el culo. Siempre he dicho que los países anglosajones son corruptos más a lo grande pero muchísimo más hipócritas. Y esa hipocresía en este contexto creo que es buena. Porque el enorme cinismo que se da en España al respecto de esto no hace gran cosa por la cultura del esfuerzo y el trabajo. Si los que especulan son rescatados por el gobierno, si Alejandro Sanz y sus tremendamente horteras canciones le proporcionan una cantidad de coches de lujo y ti@s buen@s que jamás en la vida un ingeniero, científico o administrativo siquiera puede soñar a menos que le toque “el gordo”, ¿¿qué esperanzas hay de que la imprescindible “productividad” se manifieste en nuestra economía??

Chicos, yo de verdad, haría las maletas y me largaría. ¡Ah caray! ¡¡Si ya lo he hecho!!

0 comentarios sobre “España tiene un problema. ¿¿Solo uno??”

  1. El 5000 años de historia en el Mediterráneo no lo vas a cambiar tu. Los primeros corsarios y piratas nacieron en el «mare nostrum» ¡Caray con el nombrecito!
    Yo no conozco a nadie que se haya hecho rico respetando al póx(j)imo y si conozco a mucha gente feliz que si respeta al próx(j)imo.
    Pero el modelo,
    no es ser feliz,
    el modelo es:
    ‘Hacerse rico!
    Esto da para un blog y ésto es sólo un «leave a reply»
    ¡Salud y buenos alimentos!

  2. 5000 años de historia no los voy a cambiar… ¡¡¡pero lo a gusto que me quedé escribiendo esto!!!

  3. me gustaria ver la cara de la gente de este restaurante si ellos se fueran de viaje a japon y les hicieran lo mismo… esta claro k la mentalidad de la gente en España aun tiene que dar bastantes pasos hacia delante, de igual modo que la empatia. yo no suelo viajar demasiado, pero recientemente pase una semana en Viena por cuestiones de trabajo… y realmente procurare volver en un futuro ^_^
    Es como el cuento de la gallina de los huevos de oro… la avaricia rompe el saco, y en este pais, la avaricia sigue siendo una cuestion materia, no avaricia de ser un mejor ser humano. Un saludo! 😉

  4. Gracias por el comentario, lordgille. Muy poquita gente siente avaricia de conocimiento o virtudes, todo es dinero, materialismo, ¡¡arrrgh!! No obstante soy optimista, hay esperanza…………..

  5. Bueniiisimo este articulo. Menos mal que no estoy solo en esta isla de pensamiento. Si, a mi tambien me parece patetico que en nuestro pais se valora mas la picaresca que la etica. Y si, yo tambien hice las maletas.

  6. Gracias por tu comentario, Alex. Es la estupidez del «pan para hoy, hambre para mañana», en la cual caemos siempre… Me resulta desesperante.

  7. Me han encantado tus líneas. Sobre este particular, me siento totalmente afectado, ya que en España siempre he trabajado de camarero y conozco un poquito Japón por una ex con la que salí dos años. Cuando pienso cómo es el trato que los españoles damos como receptores, y el que dan ellos a los extranjeros, se me cae la cara de vergüenza. Aunque es cierto que la imagen de los españoles no es especialmente buena en Japón (siesta, vagos, vivir la vida…), también lo es el hecho de que despertamos muchas simpatías, y hasta diría que existe un cariño mutuo. Pero ver este tipo de cosas le parte a uno el corazón.

  8. ¡Me ha encantado tu artículo!
    Añado «La Vigilanta» a mis favoritos. ¡Graciaaas!

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