El carnet de identidad británico con chip RFID (ya en marcha para extranjeros que trabajen/trabajemos allá/aquí) crackeado, clonado… en apenas 12 minutos. Un desastre, aunque lo único que se menciona en la tele es si el plastiquito tiene o no cierta bandera, ya saben, una bola por la tangente para despistar. Lo leemos en el Daily Mail.
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Las cámaras de videovigilancia en UK no funcionan
Lean este post de Schneier que referencia sendos artículos de la BBC y de The Telegraph y en los que se demuestra que (1) se resuelve un crimen por cada 1000 cámaras al año, y (2) los 500 millones de libras invertidas en videovigilancia en los últimos 10 años prácticamente no han servido de nada.
¿La respuesta del gobierno? Que dichas cámaras dan a la comunidad una cierta sensación de seguridad, es decir… puro teatro de la seguridad.
Avances en el olvido en la era digital
Por mucho que los gurús de turno se empeñen en pronosticar que el número de Dunbar aumenta gracias a las redes sociales y otros insistan en que gracias a la realidad aumentada pronto nos vamos a convertir en cyborgs, la verdad es que hoy somos exactamente iguales físicamente a cuando pintábamos venados en las paredes de las cavernas, nuestro sistema constitucional no es tan diferente al que nació de revoluciones como la francesa en 1789 o la mexicana de 1910 (y que viva la Pepa entre medio) y nuestra moral resulta idéntica a la de la Europa pre-segunda guerra mundial. La tecnología avanza mucho más rápido que nosotros (como organismos biológicos y como sociedad) y por eso cada vez nos pasa más que avances científicos y tecnológicos nos resultan, por un lado, moralmente incómodos, y por el otro nos pueden a llegar a fastidiar gravemente el día a día.
Uno de ellos es el asunto de la persistencia de la información, otros le llaman el fin de la conversación efímera, y para explicarlo con un ejemplo breve se trata de que esa foto de una borrachera post-adolescente o comentario estúpido en un foro te persiga toda la vida y logre que no te den ese trabajo tan interesante al que te has presentado porque al buscar tu nombre con un buen buscador, esas referencias aparezcan bien arriba en la lista de resultados. (Versvs lo explica mejor que yo)
Pues parece que al fin nos estamos moviendo en una dirección que va totalmente en contra de la que dictó Scott McNealy hace unos años (resumen: aguántate, porque esto es lo que hay) y ya hay equipos diseñando «sistemas para olvidar». Del primero me enteré a través de un post de David. Se trata de Vanish, que por el momento permite poner fecha de caducidad a los correos electrónicos pero se podría extender a más ámbitos. Del segundo me acabo de enterar hoy a través de la MIT Technology Review. Se trata una tinta compuesta de nanopartículas que permiten programarla para que se borre pasado un cierto tiempo. Algo así como «los mensajes que se autodestruirán en 30 segundos» de los cómics de mi juventud. El hígado de los espías lo agradecerá: ¡se acabó el deglutir papelitos para guardar el secreto!
Gurú del marketing por móvil, más guapo callado
Conocen aquel chiste de una chica guapa-guapísima en una barra de bar. Llega un tipo y empieza a hablarle. Ella, ni caso, no le contesta, solo sonríe. El tipo se mosquea y le dice aquello de «por qué no me hablas» y ella, con una voz de pito insoportable, le replica «¿pa qué, pa cagal-la?» Pues lo mismo el gurú del marketing por móvil, Sixto Arias, en entrevista a La Vanguardia. Si no, miren qué final apoteósico:
LV: Hay muchas personas a quienes no les gusta que la tecnología se meta tanto en nuestras vidas…
SA: Entiendo que la gente rechace los automóviles porque contaminan, hacen ruido y no hay quien aguante los cláxons. También entiendo que la gente rechace las fábricas porque contaminan, hacen ruido, huelen mal, etcétera. Pero un rechazo a la tecnología solo lo puedo explicar por vagancia: usted es un vago, no quiere adaptarse a los nuevos tiempos, usted es un reaccionario y quiere anclarse en el pasado, cuando las tecnologías lo peor que le van a dar es mayor calidad de vida. Puede incrementar su tiempo de ocio, irse a vivir a un valle precioso, oyendo a las vaquitas y las ovejas y bajarse a la gran ciudad una o dos veces a la semana para tener reuniones.
Aquí no somos neoluditas, y estamos a favor de la tecnología. Pero de la misma manera que nos hartamos de decir que la tecnología no es mala per se, es igualmente cierto que la tecnología no es buena por definición: es neutral, depende del uso que se le dé. Te haces adicto al móvil y a partir de ese momento el Estado (o quien pueda pagar por esos datos en el mercado gris oscuro o negro) puede conocer tu ubicación, tus comunicaciones, si estás en Internet, tus hábitos de navegación, con ello tu perfil personal, tu ideología, quiénes son tus amigos, tu orientación sexual… con ello te pueden pasar muchas cosas malas. Si estás forrado, esta información es suficiente para que te secuestren, para que te agredan, si eres un activista y eres una supuesta amenaza al orden público (ojo, que no estoy hablando de criminales, sino de activistas) te pueden llegar una noche a casa, detenerte y encerrarte en una cárcel y lanzar la llave… o simplemente, tu proveedor de telefonía móvil te puede coser a putos anuncios que ni te van ni te vienen pero te molestan profundamente, ya sea de sus productos o mediante un acuerdo con una empresa de marketing por el móvil, precisamente como la del señor Sixto. Que hubiese estado más guapo si no hubiese contestado esa última pregunta en la entrevista.
UK: sistema de seguimiento de sangre para transfusiones, taggeando bolsitas de sangre… y pacientes, claro
El programa se llama «Right Patient, Right Blood» y se trata de solucionar un problema enorme que tienen en el Reino Unido. Resulta que entre 1996 y 2004, cinco, c-i-n-c-o pacientes fallecieron por haberles dado una transfusión sanguínea del tipo equivocado.
Esto por supuesto hace que sea imprescindible iniciar un carísimo programa basado en RFID para asegurarse que nunca más vuelva a pasar (el tono irónico es porque en el Reino Unido hay hospitales donde mueren CIENTOS de pacientes al año debido a infecciones que «pescan» debido a la pobrísima higiene y carencia absoluta de personal). Cada vez que alguien dé sangre, la bolsita se marcará con un chip de radiofrecuencia (RFID), pero esto sería incompleto, porque no garantizaría que esa «sangre correcta» se le inyecte al «paciente correcto». Para el paciente en el momento del ingreso, pulserita con RFID, por supuesto.
No nos gusta el RFID para identificación de personas, es injustificable, en este caso menos todavía, ¡¡porque no existe un sistema informático que garantice que no vaya a haber 5 errores en 8 años!! Ese dinero estaría mejor empleado en desinfectante y en el salario de personal, tanto clínico como de limpieza.
Enlace al proyecto, en la página del programa de informatizacion del ministerio de sanidad británico.
Wifi Ciutadà: 500 hotspots wifi del ayuntamiento en Barcelona
Llevan intentándolo desde el 2005, al fin lo consiguieron: el 26 de mayo la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones aprobó el plan del ayuntamiento de Barcelona «WiFi Ciutadà». Parece ser que para el otoño la ciudad condal dispondrá de 500 hotspots distribuidos por todo el municipio.
Natal: ¿Pa’ qué quiero yo una cámara de Microsoft mirándome mientras estoy en el sofá?
Como perros de Pavlov, oiga. Todo el mundo está babeando desde que ayer en la feria E3 de Los Angeles la gente de Microsoft presentara lo más nuevo para su consola XBox: el proyecto Natal, cuya premisa es cargarse el mando. A la consola se le enchufa una cámara que mira al jugador, detecta su cara (para escoger automáticamente el avatar que lo representará en el juego) y detecta sus gestos (para trasladar al universo de los pixels los mamporros que está pegando).
La gente ha perdido el oremus. ¿Pagar para meter en casa una cámara que te puede identificar y que puede entender qué estás haciendo enfrente de la tele? ¿Es que nos hemos vuelto locos todos? Esto es videovigilancia a domicilio, cortesía de Microsoft, y lo demás son tonterías.
(Mejor nos quedamos con el nuevo Motion Controller de la PS3 de Sony, que hace lo mismo pero sin cámara, solo te tienes que poner unas tiritas multicolores en las extremidades. ¡Opinemos con la cartera!)
La biometría no es infalible, otro ejemplo
Acabo de leer que existe un tratamiento contra el cáncer que tiene, como efecto secundario, la aparición de ampollas y despellejamiento similar que puede acabar en la desaparición de las huellas dactilares del paciente.
Parece ser que un ciudadano de Singapur que sobrevivió a la enfermedad pero perdió las huellas tuvo problemas para acceder a Estados Unidos.
El problema de los sistemas de seguridad «modernos» como los chips y la biometría no es que no sean infalibles (en el mundo no hay nada infalible, a ver si nos enteramos…) sino que las empresas que fabrican soluciones que los utilizan tienen un interés muy grande en venderlos como «infalibles» y los que deciden son unos generalistas sin conocimiento ni criterio que o se creen lo que les están diciendo, o ya les va bien que se siga alimentando el mito.
Conclusión, cuando en el aeropuerto o estación migratoria te encuentras con el gorila uniformado de turno, puesto que su procedimiento de trabajo asume que la biometría (y el chip) son infalibles, actúan en consecuencia. Y sin huellas no se puede viajar, porque según este punto de vista tan torcido, sin huellas no se tiene identidad, y sin identidad se es terrorista o narcotraficante, sin duda, «porque algo tendrás que esconder». Hay que joderse…
Inminente: cámaras de seguridad en Las Ramblas de Barcelona
Leemos en La Vanguardia que el ayuntamiento está ultimando el dossier que va a presentar al ministerio del interior para que les permitan instalar cuatro cámaras de videovigilancia en Las Ramblas.
No importa todo lo que ya se sabe de las dichosas cámaras: que no tienen un impacto en los niveles de criminalidad, que solamente disuaden al malhechor en el ámbito de visión de la cámara y simplemente «mueven» el delito hasta la esquina más cercana, etc.
Alguien se tiene que estar forrando con esto de las cámaras. Si no, no se entiende.
¿El fin de la tecnología obsoleta?
En El Navegante se marcan un artículo alrededor de una pregunta interesante: ¿y si la tecnología fuese ya suficientemente buena? Se basan en evidencias del mercado:
- Vista (la esperanza vende-máquinas-potentes, o último giro de tuerca de la «conspiración WinTel») ha sido un rotundo fracaso.
- El BluRay no despega. Y no me extraña. Verle los implantes de cabello a Travolta gracias a la alta definición no me dejaría disfrutar de la película.
- La tecnología de 64 bits no ha causado furor. Más bien al contrario: lo que ha causado furor son los netbooks, unos ordenadores portátiles de pequeño tamaño, ultraportabilidad a costa de solo ofrecer prestaciones limitadas.
- Los móviles han dejado de tener más prestaciones, ahora solamente se les está sacando más jugo a base de buenas aplicaciones.
Se preguntan si esto es porque ya no hay interés en las prestaciones (más gigas solo por fardar) o si se debe a las renovadas dificultades que tienen las personas a la hora de acceder al crédito.
Yo tengo dos pequeñas historias personales relacionadas y una reflexión al respecto. Hace un año compramos un portátil para casa. Ahora estoy comprando otro portátil porque con uno no tenemos ni para un diente. Y me sorprende ver que «los numeritos» son prácticamente los mismos que el año pasado: velocidad de procesador, RAM, disco duro, tarjeta gráfica, maldita sea, ni siquiera en WiFi hemos pasado del 802.11a/b/g. Con una maravillosa excepción: el precio es la mitad.
Hace 3 semanas compramos una tele de LCD, 32 pulgadas, todo muy mono, a mitad de precio de lo que costaban el año pasado. Al llegar a casa, decepción tremenda: la calidad de imagen de la pantalla es tan buena que se ve fatal. Ni la TDT (aquí se llama FreeView) ni el DVD están a la altura. De la Wii y lo penoso que se ve (a pesar de haber comprado el cable de componentes para «simular» HD) no quiero escribir que me pongo a llorar. Ahora cuando voy a hoteles me fijo en la calidad de la imagen y constato que no es mi tele: son todas.
Mi reflexión: hay dos tipos de avances. Están los incrementales y los disruptivos.
Los avances incrementales consisten en «mejorar poquito a poquito». Por ejemplo, hacer procesadores cada vez más rápidos basados en los semiconductores, a base de darle a los ingenieros de Intel u AMD lupas más gordas para que dibujen circuitos minúsculos en minúsculas obleas 🙂 (arquitectos de computadoras que me lean: ¡no me matéis por la simplificación, tomadlo como una parábola!). Por ejemplo, a base de esa miniaturización (y reducción de costes, y reducción del consumo energético) lograr que cosas inventadas (GPS, pantallas táctiles, procesadores pequeñitos…) quepan en un dispositivo de bolsillo con suficiente autonomía y precio razonable como para venderlos bajo el nombre de «teléfono» a millones. Estos avances incrementales tienen un techo natural: este se alcanza cuando ya no se pueden hacer más «encajes de bolillos», es decir, se ha utilizado la tecnología (o la física o la química) en la que se basan hasta el límite. Un ejemplo de dicho límite podría ser «la velocidad de la luz» o el tamaño de los electrones en el caso de los circuitos. Otro límite, en este caso biológico, sería la capacidad de reconocimiento de colores por parte de la rutina. Si solo distingo 21.000, ¿para qué necesito una pantalla que me dé 100 millones de colores?
Los avances disruptivos ocurren cuando en base a investigación fundamental se descubren cosas nuevísimas que «rompen» con todo lo anterior. El motor de gasolina de Daimler que acabó con las carretas a tracción animal. El reloj de cuarzo japonés que acabó con la hegemonía del tradicional reloj mecánico suizo. Y un largo etcétera.
Mi idea sobre este asunto es que los avances incrementales posibles se han agotado a la vez en un buen número de tecnologías. Ya no necesito para nada una tele mejor de la que tengo. Pero si me ofreciesen un proyector del tamaño de una cajetilla de tabaco que pudiese reflejar en una pared lisa y blanca una calidad de imagen de alta definición, sí me lo pensaría. Mi coche va suficientemente bien y no me lo pienso cambiar (puede ir a 250 km/h cuando el límite legal son 120 km/h, pero eso es tema para otro post) a menos que se acabe la gasolina y la única opción de usar coche sea un vehículo eléctrico alimentado con electricidad producida en una central eólica/solar.
¿Se acabó la obsolescencia en tecnología? Yo creo que no. Solo pasa que para mejorar lo más novedoso se necesita tecnología radicalmente diferente. Para desarrollarla, antes se necesitan buenas dosis investigación básica. Y esa, me temo, sí va a quedar «obsoletizada». Cortesía de dirigentes incompetentes sin visión de futuro, de una clase empresarial concentrada en los eneficios para hoy y no en el mañana.