La semana pasada vi la última película de Michael Moore, «Sicko», para la cual recopiló miles y miles de historias de horror en el trato recibido por parte de los seguros médicos privados. Mezquinidades a montones, empresas no interesadas en la salud sino en los beneficios económicos haciendo lo posible para no proporcionar el tratamiento médico requerido por el cual el abonado lleva años pagando religiosamente sus cuotas mensuales. Casos extremos de personal médico trabajando en plan House pero no para curar la enfermedad, sino para hallar algún indicio de condición pre-existente, es decir, un síntoma anterior a la contratación de la póliza que pudiera estar ni sea remotamente relacionado a la dolencia actual. ¡Al punto de llegar a negar tratamiento de cáncer a una mujer porque en su juventud sufrió una leve irritación vaginal que puede ser causada por clima caluroso!
Con esa reminiscencia, casi se me caen los ojos de las órbitas al leer en El Mundo que Google está a punto de lanzar su nuevo servicio Google Health. Tienen un plan piloto con unos cuantos miles de voluntarios del hospital de Cleveland que han aceptado ceder su historial médico. En El Mundo informan que estos datos estarán protegidos por contraseña, con el mismo método que se protegen las cuentas de Gmail.
Desde luego, estos voluntarios no han visto la película de Michael Moore. No se me ocurre un ejemplo más tangible del daño que puede ocasionar a tu vida el que tu información personal se haga pública o caiga en malas manos.
Al menos espero que les hayan pagado mucho dinero para ofrecerse como cobayas sociales. Les deseo una larga vida libre de enfermedades y lejos de los hospitales privados estadounidenses (bueno, este último punto se lo garantiza su majadería de ceder a Google sus datos médicos).
