Contra la infoxicación, el decrecimiento

Las cosas del mundo se mueven como el corazón: sístole/diástole, y vuelta a empezar.

Muchos nos hemos estado dando un atracón de información desde que, a partir de mediados de los 90, Internet empezó a estar disponible en todos los hogares.

Las consecuencias: cabeza abotargada de datos, correo personal desbordado, mucho tiempo dedicado a separar el trigo de la paja, poco tiempo para analizar y sintetizar, riesgo de caer en el puro anecdotario. Desarrollo de insomnio y verborrea incontenible. Y quizás lo peor… un rastro digital indeleble (de momento) que perfila peligrosamente bien nuestras ideas e intereses.

Al menos para mí, y creo que para otras personas, ha llegado la hora de ponernos a dieta. Bajas en multitud de servicios sociales que usamos poco o nada, cancelación de subscripción en innumerables newsletters (¿por qué cada vez que compras algo online el comercial te apunta a la suya?), purga sin compasión de las fuentes de información agregadas en nuestro lector RSS favorito…

Ha llegado la hora de cambiar cantidad por calidad, dejar la dispersión y optar por el enfoque. ¿Será una moda pasajera típica de septiembre, como apuntarse al gimnasio, o los que estamos intentando decrecer lograremos de verdad desinfoxicarnos?

Avances en el olvido en la era digital

Por mucho que los gurús de turno se empeñen en pronosticar que el número de Dunbar aumenta gracias a las redes sociales y otros insistan en que gracias a la realidad aumentada pronto nos vamos a convertir en cyborgs, la verdad es que hoy somos exactamente iguales físicamente a cuando pintábamos venados en las paredes de las cavernas, nuestro sistema constitucional no es tan diferente al que nació de revoluciones como la francesa en 1789 o la mexicana de 1910 (y que viva la Pepa entre medio) y nuestra moral resulta idéntica a la de la Europa pre-segunda guerra mundial. La tecnología avanza mucho más rápido que nosotros (como organismos biológicos y como sociedad) y por eso cada vez nos pasa más que avances científicos y tecnológicos nos resultan, por un lado, moralmente incómodos, y por el otro nos pueden a llegar a fastidiar gravemente el día a día.

Uno de ellos es el asunto de la persistencia de la información, otros le llaman el fin de la conversación efímera, y para explicarlo con un ejemplo breve se trata de que esa foto de una borrachera post-adolescente o comentario estúpido en un foro te persiga toda la vida y logre que no te den ese trabajo tan interesante al que te has presentado porque al buscar tu nombre con un buen buscador, esas referencias aparezcan bien arriba en la lista de resultados. (Versvs lo explica mejor que yo)

Pues parece que al fin nos estamos moviendo en una dirección que va totalmente en contra de la que dictó Scott McNealy hace unos años (resumen: aguántate, porque esto es lo que hay) y ya hay equipos diseñando «sistemas para olvidar». Del primero me enteré a través de un post de David. Se trata de Vanish, que por el momento permite poner fecha de caducidad a los correos electrónicos pero se podría extender a más ámbitos. Del segundo me acabo de enterar hoy a través de la MIT Technology Review. Se trata una tinta compuesta de nanopartículas que permiten programarla para que se borre pasado un cierto tiempo. Algo así como «los mensajes que se autodestruirán en 30 segundos» de los cómics de mi juventud. El hígado de los espías lo agradecerá: ¡se acabó el deglutir papelitos para guardar el secreto!

La Generalitat de Catalunya considera instalar un sistema que detecta latidos de corazón en un peaje

Esto de la sociedad de control se acelera, señores. Leo en El País que la Generalitat está contemplando un sistema de control de ocupación de vehículos que detecta los latidos de corazón presentes en un vehículo, todo ello para realizar un cobro dependiendo del número de pasajeros (la idea es que coches con un solo conductor paguen más para incentivar que los vehículos se compartan y así reducir el tráfico, la contaminación, etc. etc.)

Aunque el objetivo en este caso sea loable, hay que denunciar que el estado se está haciendo de la tecnología que permite ya un sistema de control de la población perfecto… sin que exista manera de evitar que se produzcan abusos en el sistema. Esto está empezando a dar miedo de verdad.

Se celebraron los Big Brother Awards España en Julio

Leo, con mucho retraso, que los premios Big Brother Awards, concedidos a las personas e instituciones que más daño hacen a la protección de la intimidad de las personas, se celebraron en el madrileño Patio Maravillas el 11 de julio.

Yo estaba de vacaciones… Estos son los resultados de la votación abierta, supongo que coinciden con los premios finales.

BBAWARD
DRM
Portátiles escolares con Windows
Software de control HADOPI francesa
El Gran Firewall de China

Calderón de la Barca: Pues a mí me parece normal que los de Zalamea tengan que pagarle a la SGAE

En La Vigilanta hemos conseguido una entrevista exclusiva con don Lope de Vega. Nos explicó que él ve normal que a esos actores amateurs de Zalamea se les cobre el derecho de autor sobre la obra de teatro de nombre idéntico al de su pueblo.

– Pero don Lope, usted lleva más de 300 años muerto. ¿De qué manera puede la SGAE pagarle ese dinero?

– Pues mira, hija…. argggghhhhhhh….

Desafortunadamente, en ese punto de la entrevista, a la médium le dio un patatús y perdimos conexión con el otro barrio. Intentando reanimarla, pudimos comprobar que dicha señora portaba unos gruesos cadenacos de oro que ni el candado de mi bicicleta, el reloj Louis Vuitton, el bolso de Prada, y comprendimos algo: todo era una patraña. De más allá, nada: el dinero de los derechos de autor de las obras de Lope de Vega (y de cuántos otros autores más) se los está quedando esa señora. ¡Vaya morro!

Pero como algo de humanidad nos queda, la llevamos al hospital. En admisiones registraron sus pertenencias para ver si tenía cartilla del seguro y por lo tanto derecho a atención médica. Cuál fue nuestra sorpresa al descubrir que el nombre de la señora era en realidad… ¡¡Eduardo Bautista García!!

Mis sueños son últimamente un poco raros. Voy a tener que dejar de leer blogs por un tiempo.

Magistral táctica de despiste: polémica sobre representación de nacionalidades en el carnet de identidad británico

Llevamos algunos años informando sobre el programa británico de implementación del carnet de identidad en Gran Bretaña y de la hercúlea tarea del colectivo No2ID para oponerse a esta implementación. La opinión pública incluso se estaba formando «una opinión sobre el tema»: afortunadamente en contra.

A mí me extrañaba que desde el gobierno no se lanzase una fuerte campaña (que las hacen sobre otras cosas y que para nosotros tienen tintes bien fascistoides) a favor de este programa que tanto necesitan para conseguir el sistema de control perfecto con el que sueñan. Ahora ya sabemos por qué. Tenían un as en la manga: los comunicólogos del partido laborista son condenadamente buenos.

Hace dos semanas van y sacan al nuevo ministro del interior con unas muestras del nuevo documento, que se comenzará a expedir este invierno en Manchester (titulares del aeropuerto más paranoico del mundo, no podía ser en otro lugar) y… la bandera británica, la «Union Jack», no aparece en ningún sitio.

Se soltó una tremenda polémica que alcanzó todos los medios de comunicación y no los abandonó durante una semana entera. ¿La bandera británica tanto ofende a escoceses, galeses e irlandeses del norte como para que no aparezca en el documento nacional de identidad?

Y en este debate, lo curioso es que todos los que participaban ¡¡¡¡no cuestionaban por un momento la necesidad de disponer de dicho documento!!!! Ni cuestionaban su coste, ni cuestionaban que de esa manera los ultra liberales británicos perderían un cachito de su libertad……

Pon una polémica sobre idioma, nacionalidad, grupo étnico o torneo futbolístico, y la gente se fijará en esos árboles y perderá totalmente de vista el bosque. El carnet de identidad ha tenido su puesta de largo antes de ponerse en marcha. A partir de ahora ya se da por hecho y solo los verdaderamente convencidos lo protestarán. Los que no tenían opinión ya han sido convertidos por obra y gracia de la televisión.

Lo dicho: los comunicólogos del partido laborista son unos genios.

Programa de reinserción de acentos en la vida pública

Normalmente no hablo de estas cosas, pero me ha encantado esta iniciativa… esto empezó en Lima, Perú, y se está extendiendo a México. Hay personas que se organizan para salir a la calle con pintura y escaleras y un objetivo: corregir señalizaciones y carteles publicitarios a los que les faltan los acentos. Estos eventos tienen un curioso nombre: «tildetón» 🙂

Si viviese en Barcelona me animaría a organizar algo similar. Para no herir sensibilidades, ¡los participantes corregiríamos los carteles en las dos lenguas oficiales de la ciudad! y no nos limitaríamos a los acentos: corregiríamos las faltas ortográficas sin compasión.

Más información en «acentos perdidos«.

Famosillos: venden su vida personal y luego se quejan

Leo en La Vanguardia Digital que el joven mancebo protagonista de «Crepúsculo» está convencido de que «Twitter le ha arruinado su vida» ya que las (y los) fans que lo ven por la calle enseguida informan de su hazaña en este servicio de microblogging y de esta manera se forman enjambres de seguidores que quieren encontrarse con él: el chico se siente agobiado.

Honestamente alucino con estos niños guapitos. ¿Acaso creen que les pagan tanto dinero por su talento? Pues no, más bien por su percha y su ángel. Les pagan porque generan expectación, porque la gente paga no solo por ver sus películas, sino por saber de sus vidas, comprando revistas de cotilleo, viendo programas del corazón…

Yogurín, cuando te pongan un contrato delante de las narices, antes de firmar en la línea de puntos, piensa que con el dinero y el privilegio de la fama a algo vas a tener que renunciar. Si juegas, atente a las consecuencias.

Tecnologías de la información y la comunicación, libertad individual, derecho a la privacidad. ¿Cómo lograr que los avances en lo primero no afecten negativamente ni a lo segundo ni a lo tercero?