Ahí va un breve aviso para los lectores habituales de este blog. En principio, la actividad aquí se va a reducir a cero. Efectos secundarios de las vacaciones… muchos asuntos acumulados, en especial la hercúlea tarea de definir un tema para tesis doctoral y encontrar a un doctor dispuesto a dirigirla antes del mes de julio (si conocéis a alguien que investigue sistemas de información médicos y quiera ampliar su grupo de investigadores, por favor avisadme), me van a obligar a centrarme. Así que nada de Google Reader, agregadores de noticias, blogs de tecnología o de negocios, se acabó el poco twitter que veía, ni prensa digital a diario, ni Mark Zuckerberg y sus ideas geniales, scanners de aeropuerto, HP comprando a Palm o la deuda soberana de España degradándose. ¡Nada de ello puede quitarme tiempo ahora!
Artículo de Wired sobre Facebook y qué esperar sobre su tratamiento de los datos personales que pongas en sus manos. Comienza con una frase atribuida a un colaborador directo del fundador y CEO de la empresa, Mark Zuckerberg: «Él no cree en la privacidad«.
A través de Intimidad Violada llego a este extenso artículo de Periodismohumano.com sobre la implementación de scanners de cuerpo completo en Europa.
La cosa acojona. Hace apenas un mes tuve un control de seguridad «al lado» de uno de esos bichos en Schiphol (Amsterdam) y la cosa da qué pensar. Por qué diablos me tienen que freír a radiación ionizante (a riesgo de quedarme verde como Bruce Banner). Puedo o no permitir negarme a pasar por el bicho este, pedir un cacheo con strip-tease y tocamientos y con la pérdida de tiempo seguramente quedarme sin volar hoy. Qué tipo de vejación prefiero, táctil y efímera o virtual y permanente. Porque qué diablos hacen con esas imágenes y quién puede asegurarme que «son unos segundillos hasta que la borran».
En fin. Muchas cosas que pasan por la cabeza, afortunadamente y de momento no estaban sometiendo a los pasajeros a el que era mi destino en esa ocasión. ¿Alguien puede mover el calendario a los años 90 cuando los huesos no dolían y todo era fácil?
Y eso que leo la prensa británica a diario… A través de Nación Red me entero que Nick Clegg, el líder del partido Liberal Demócrata ante las elecciones parlamentarias del Reino Unido, ha anunciado que de resultar vencedor de las elecciones, tiene la intención de derogar la Digital Economy Bill (o Ley de la Economía Digital), no tan diferente a la nefasta ley Hadopi francesa.
Con esto, Nick demuestra que se entera de algo, o al menos, que escucha a los expertos: el MI5 -servicios secretos británicos- en su momento se pronunció en contra de esta ley, por ridícula, inútil y contraproducente: la pesadilla de dichos servicios secretos es una Internet donde la mayoría del tráfico es cifrado, como lo sería si los usuarios «por defecto» decidiéramos ofuscar nuestras comunicaciones «no se vaya a pensar que me estoy bajando una canción de Bisbal».
Aquí va el proseletismo político del comentario, si no te interesa el tema no sigas leyendo… si vives en UK, puedes votar (a veces se lían y mandan papeletas de voto a no británicos ciudadanos de un país de la UE), no vives en una circunscripción con candidato del Pirate Party, y te importan las libertades fundamentales tanto en Internet como fuera de ella… vota Lib Dem.
Desde que conozco este tipo de tecnologías (y el primer proyecto relacionado en el que trabajé fue en 2003), los vendedores de soluciones RFID dicen lo mismo: este será el año del RFID. Y sí, poco a poco algunas implementaciones se hacen. Pero generalmente de forma medio escondida, o publicitándolas tras cambiarle el nombre al asunto («pago sin contacto» es un término menos utilizado en las campañas de concienciación pública de los peligros que el RFID entraña para la privacidad), sin que de modo aparente se introduzcan demasiado en nuestro día a día.
Ahora todo va a cambiar.
Si hay una cosa que me sorprendió en China, es la ubicuidad del RFID o «tarjeta sin contacto». Un par de ejemplos:
Hoteles de cualquier categoría y número de estrellas han sustituido las llaves metálicas e incluso las tarjetas magnéticas usadas en Europa por tarjetas RFID. Sirven tanto para abrir la puerta como para cerrar el circuito que suministra electricidad a la habitación. ¿Cuántos hoteles debe de haber en China? ¿Cuántas tarjetas se han comercializado? Esto son millones de unidades, una escala que abarata la producción, sin ninguna duda.
Las tarjetas de transporte con RFID son imprescindibles en las grandes ciudades. Pude verificarlo en Shanghai, Beijing (Pekín), Hong Kong y Guangzhou (Cantón), que es algo así como decir que el 50% de la población urbana china lleva una en su bolsillo ahora mismo. No solo se usan para pagar en unos sistemas de transporte público intermodales ejemplares, sino como tarjeta monedero en minisúpers (las cadenas que operan en Japón: 7Eleven, Watsons, etc.), para comprar refrescos en máquinas expendedoras en cualquier esquina, etc. Con esto no solo se impone la tarjeta que regala en bandeja de plata la traza de la ubicación de uno mismo en cada momento del día, sino que se dan pasos agigantados para la «abolición del dinero» en pequeñas transacciones (las que todavía no se realizaban con tarjeta de crédito o débito, las únicas que seguían siendo anónimas).
Ahora sí que sí. Hay implementaciones suficientes y a gran escala, hay experiencia suficiente, el perfil del integrador de soluciones RFID «se abarata», así como el precio de los tags RFID y de los lectores, es el caldo de cultivo ideal para que a partir de muy pronto tengamos «RFID hasta en la sopa«. Esto es imparable. Hoy más que nunca se impone exigir una legislación que minimice el impacto a nuestro derecho a la privacidad de este nuevo reguero de datos personales.
Se está diciendoporahí que el ciberataque chino a Google de diciembre llegó a afectar a Gaia, el sistema de «single sign on» (validación de usuario) de Google.
Un único sistema encargándose de la validación de TODOS sus usuarios para TODOS los servicios de Google.
¡Por Tutatis! Que Google deje algo tan importante como la validación en modo centralizado me resulta extraño. Es de todos conocido que la resiliencia se obtiene en sistemas distribuidos, única cura contra el talón de Aquiles… y que si un sistema distribuido tiene un elemento centralizado, esa resiliencia desaparece. ¡Un elemento de la cadena que sea centralizado es como multiplicar por cero!
Dedicado a todos los que se han quedado tirados por ahí por el asunto de la erupción del volcán Eyjafjallajökull, que por cierto, hoy en la radio me he enterado que en islandés se pronuncia algo así como «eivaleiva». También se lo dedico a todas las personas con miedo a volar, como yo…)
Me consta que tiendas con stock etiquetado con RFID las hay en Barcelona desde hace ya algunos años. Solo que ahora empiezan a destaparse aludiendo «sus bondades». Propongo votar con la cartera: en cuanto se desvele el nombre de estas tiendas, dejemos de comprar en ellas. Es la única manera…
Tecnologías de la información y la comunicación, libertad individual, derecho a la privacidad. ¿Cómo lograr que los avances en lo primero no afecten negativamente ni a lo segundo ni a lo tercero?