Datos personales en UK: ¿incompetencia o transparencia?

El viernes pasado escuchaba en la radio que se había perdido una llave USB con los datos de los presos en las cárceles inglesas y galesas. Hoy leo en The Independent que un director de informática de Oxford compró por eBay un portátil que contenía en su disco duro los datos personales de MILLONES de clientes de los bancos RBS, NatWest y de las tarjeta American Express. Y así cada semana.

Lo cual me provoca una duda: ¿son los británicos unos inútiles en la gestión de datos o se trata de una situación en la cual el público es receptivo a estas historias y por eso se publican en prensa?

¿Incompetencia o transparencia?

UK: confiscan un juego de War on Terror

Hace pocas semanas hice una rápida referencia a War on Terror, un irónico juego de mesa donde los jugadores pueden ser Bush o Blair y financiar con dinero sucio las actividades de los talibanes (por poner un ejemplo).

Pues bien, esta semana durante una redada a un campamento ecologista en Kent, sur de Inglaterra, la policía confiscó un ejemplar de este juego. (fuente: The Independent)

Malos tiempos para la libertad de expresión por estos rincones del mundo.

No hay escapatoria… el ordenador lo sabe todo

Ayer me reí (por no llorar) con la campaña de la dirección general de tráfico británica (la DVLA) para motivar (por no decir otra cosa) a la gente para que renueve a tiempo su impuesto de circulación (la road tax).

Se oye el sonido de un segundero… tick tock tick tock…

Si está a punto de caducar tu impuesto de seguridad, que sepas que en el momento en que caduque tu impuesto se te emitirá automáticamente una multa de 80 libras esterlinas. El ordenador de la DVLA lo sabe todo. No hay escapatoria.

Qué triste tener que andar emitiendo amenazas indiscriminadas para que la gente haga las cosas. Qué triste que se hayan tapizado los pueblos y ciudades con cámaras de videovigilancia para intentar hacer respetar «la ley y el orden». Qué triste que haya un énfasis cero en concienciar y educar al ciudadano, más bien al contrario, que todo sea motivación a la negativa, es decir, a base de castigos. Qué triste que los que han hecho esto se llamen a sí mismos «laboristas».

SGAE: Se acabaron las pelis en los autocares

Leemos en La Voz de Galicia que las principales patronales del transporte interurbano de pasajeros, Fenebús y Asintra, recomienda a sus socios que desinstalen radios, televisores y aparatos de TV de sus autocares para evitar las reclamaciones económicas con las que se ven acosados por la SGAE y otras entidades de supuesta gestión de los derechos de autor.

Copio y pego de La Voz de Galicia porque es imposible escribirlo más claro:

El sector del transporte, cansado de lo que califica de «continuo hostigamiento de las sociedades de derechos de autor», ha declarado que no negociará ningún acuerdo más con este tipo de entidades, que en número de cinco (la ley permite que se creen cuantas quieran los interesados y que cada una cobre lo que le venga en gana) sangran a las compañías de transporte de viajeros por llevar o usar un DVD o una radio.

El coste de entretener a los pasajeros, según el sector, es de 15.000 euros para la vida útil del autobús, cifrada en siete años, a razón de 1.249 euros por DVD y 312,6 euros por radio que cobra la SGAE; 631,60 euros al año que cobran AIE y Aisge; 127,93 euros mensuales que cobra Agedi, y 350 euros al año que cobra Mcpl.

Es increíble lo que está pasando. El gobierno permite estas oscuras actividades de recaudación de ¿impuestos? basados en una presunción de culpabilidad que debería dar vergüenza a cualquier persona que se digne a catalogarse de «democrática». Porque a mí todavía no se me ha aclarado quién o qué es la SGAE, qué es la AIE y la aisge (aparte de que forman parte de un divertido Consorcio capitaneado por un señor llamado Pedro Farré), y luego la Agedi y ¿esa cosa con nombre de hamburguesa polaca, McPl?, y en base a qué diantres tienen ellos que pedir dinero a otras entidades, empresas o particulares. También han sido documentadas exhaustivamente las arbitrariedades cometidos por los llamados «inspectores de la SGAE» en sus visitas a comercios: ¡¡¡¡¡¡no en vano algunas patronales recomiendan EL REGATEO con ellos!!!!!!

Ya puestos, y vista la vista gorda del Estado al respecto de esta irregularidad, voy a crear una organización llamada «lavigi» que también llamará a la puerta de las peluquerías de mi barrio para exigir dinero si es que tienen la radio puesta. Quién sabe, a lo mejor han retransmitido la canción que compuse en 5º de EGB en las clases de flauta dulce… si tienen radio entonces tienen los medios para haberlo hecho… así que tengo derecho a compensación.

Ahora en serio, esta medida es la típica que deja al público en general jodido. ¡¡Con lo bonito que era ver las pelis de Rambo en esas épicas jornadas Barcelona-La Coruña! Y lo digo en serio. Menudo aburrimiento los viajes de más de dos horas en autocar si no hay entretenimiento a bordo.

EEUU: brazalete que da descargas eléctricas para todos los pasajeros de avión

Leemos en el Blog de Pululante que el ministerio de interior de Estados Unidos (Department of Homeland Security) se han vuelto locos del todo. Parece ser que están estudiando seriamente la implementación de un sistema de seguridad para aeropuertos sacado de la peor pesadilla de película de los ochenta de Arnold Schwarzenegger. Se trata de obligar a todos los que viajen en avión a llevar un brazalete que se puede accionar a distancia para dar descargas eléctricas y así inmovilizar al pasajero que «cree problemas».

No comento más, no es necesario. La nota original, en Information Week.

Un nuevo oasis en Barcelona: Café Chapultepec

Un off-topic rápido para avisar que en este agosto agobiante acaba de aparecer un oasis en pleno Eixample barcelonés. Se llama Café Chapultepec y está en Compte Borrell 152 (esquina Consell de Cent, muy cerca del metro Urgell L1 y junto a una parada del bicing). Para disfrutar de un trago y un delicioso plato en su terracita, o si lo preferís, bien cerca del ¡bendito! aire acondicionado.

Su sitio Web está todavía en construcción pero allá podéis ver un mapa con su ubicación: http://www.cafechapultepec.com/

No os va a decepcionar.

El libro electrónico: ¿un peligro o una oportunidad para la difusión de la cultura?

Artículo publicado en El Azotador de Xochimilco.

lector de libros electrónicos iLiad Book Edition
lector de libros electrónicos iLiad Book Edition

Como ya hemos hecho notar en esta columna en muchas ocasiones, los avances tecnológicos del momento están haciendo cambiar muchos de nuestros hábitos domésticos y de ocio. Por ejemplo, solamente los lectores que tengan más de 30 años habrán convivido con los discos de vinil, y probablemente todos los que cumplimos ya las tres décadas sufrimos una vergonzosa situación la primera vez que un CD cayó en nuestros: ¡preguntamos “cómo se le da la vuelta”!  De la misma manera, los niños y adolescentes actuales no se les ocurriría ir a una tienda y comprarse un CD con la música de su grupo o cantante favorito. Lo más probable es que alguno de sus amigos le “pase” la canción deseada desde su celular o se la “cargue” en su reproductor MP3. Se comprarán el “CD pirata” si es que les sale barato, pero incluso si eso pasa, “ripearán” las canciones y las moverán a su reproductor MP3 para poder escucharlas en cualquier momento. Si no acaban de entender lo que les estoy explicando, tómenlo como una prueba más de la idea general que queremos ejemplificar: ¡la manera en que la música se vende y se escucha estos días ha cambiado enormemente!

Es por eso que resulta hasta cierto punto extraño que un cambio similar no haya sucedido en el mundo editorial. Desde la perspectiva del lector, podemos decir que hace muchos siglos que nada fundamental ha cambiado: un libro es un objeto con tapas y muchas hojas de papel, donde aparece escrita la obra. En la Edad Media una de las actividades más importantes de los monasterios era la copia de los libros realizada a mano por los monjes.  Desde la invención de la imprenta en 1456, los libros se han publicado en cantidades industriales usando esa herramienta ideada por Johannes Gutenberg que permitió una gran automatización del proceso de producción. En la actualidad los libros son muchísimo más baratos y  por lo tanto  infinitamente más asequibles al público en general que en tiempos pasados, cuando solamente los clérigos y los nobles podían acceder a ellos. Pero en lo que respecta a su uso nada ha cambiado: a diferencia de lo que pasó con los CDs y los discos, que se quedaron obsoletos, un libro sigue siendo un libro, y leemos de la misma manera que los monjes en la edad media.

Esto nos puede extrañar sobre todo si tenemos en cuenta que en los últimos 20 años ha habido cambios radicales en la manera de crear el contenido de los libros. No sé si recordarán la gran polémica del escritor colombiano Gabriel García Márquez a finales de los años 80. En esa época “Gabo”, como se le conoce cariñosamente, cuestionaba que se pudiese crear literatura escribiendo en una computadora. En la actualidad es posible que sigan existiendo personas que prefieren la pluma y el papel, o la casi extinta máquina de escribir, para redactar sus ensayos, artículos o novelas, pero francamente están en abrumadora minoría. Las personas que tienen que escribir por cualquier motivo (diversión, profesión, para completar un trámite) prefieren (preferimos) la comodidad, proporcionada por la computadora, de poder repasar, retocar y corregir nuestros escritos sin tener que volver a copiarlo todo desde el principio, o tener que emborronar nuestros escritos con tachaduras y correcciones. Es decir, podemos afirmar que el contenido de los libros por lo general se crea en un “formato digital”: aunque se impriman, los originales residen en nuestras computadoras.

Así pues, si los libros nacen en “formato digital”, ¿por qué se comercializan en un formato tan tangible como es el libro impreso? ¿Por qué no se pueden descargar los libros de Internet, por qué no se pueden “pasar” de un teléfono móvil a otro, como sucede con la música? La realidad es que los libros digitales ya existen, pero no son de uso generalizado por una razón muy clara: leer en una “compu” no es una actividad agradable. Muchos ávidos lectores son capaces de leer en una sentada una novela especialmente interesante, eso sí, si no es demasiado larga. Si ese mismo lector intentase hacer lo mismo leyendo el documento electrónico que creó el escritor y que hizo a llegar a su editorial para que se usara en la imprenta, es prácticamente seguro que tras 45 minutos de mirar fijamente la pantalla tuviese que parar  con un dolor de cabeza tremendo. La verdad es que hasta hoy no existe nada más agradable a la vista que el papel sin satinar para la lectura prolongada. Esto, y el hecho de que la lectura se ha convertido en un fenómeno eminentemente móvil (mucha gente lee en el transporte público o durante sus viajes de trabajo o de placer), hacen que un libro que quepa en la bolsa sea un objeto a día de hoy insuperable.

Esto podría cambiar en el futuro próximo gracias a los desarrollos tanto en informática móvil como en investigación sobre lo que se está comenzando a conocer como “papel electrónico”. El papel electrónico es en realidad un material plástico, un polímero, que respondiendo a determinados impulsos eléctricos hace que partes de su superficie se oscurezcan, formando, por ejemplo, letras. Sus características de contraste entre la parte clara y la parte oscura resultan ser muy similares a las de la letra impresa en papel mate, lo cual hace que leer durante tiempo prolongado en este nuevo medio sea tan agradable a la vista como la lectura de un libro. Podemos afirmar, pues, que en la actualidad ya disponemos de la tecnología para hacer realidad la transición al “libro electrónico”: somos capaces de producir computadoras del tamaño de un libro y somos capaces de dotarlas de una pantalla que sea tan agradable a la vista para la lectura prolongada como las hojas de un libro. Ahora solo falta la capacidad de producir estos dispositivos a un coste aceptable para la gran mayoría de la población para que su uso se generalice.

En la actualidad se están comercializando los primeros libros electrónicos. Tanto el gigante de la venta de libros por Internet, Amazon, como la empresa japonesa Sony, tienen ya a la venta sendos libros electrónicos. En el caso de Amazon, este dispositivo se llama “Kindle”, puede guardar 200 libros a la vez, dispone de conexión por móvil (cuya factura paga Amazon) para cargarle nuevo material de lectura (libros comprados en su página Web, a un precio de 10 dólares por libro) y su batería proporciona una semana de lectura constante antes de requerir recarga. Su coste es de 360 dólares y se puede comprar solamente en Estados Unidos. El dispositivo de Sony, llamado PRS-505, es muy similar en sus características, aunque requiere de una computadora para poder cargar libros, así como en precio, 300 dólares. Solamente está disponible en Japón, Estados Unidos y muy pronto en el Reino Unido.

Aunque suene muy práctico eso de poder cargar 200 libros en un aparato del tamaño de uno solo, hay que tomar este avance en la difusión de la cultura con un punto de desconfianza, pues el enfoque tomado en lo respectivo a la distribución de contenidos tanto por Sony como por Amazon es uno totalmente comercial y restrictivo: con estos dispositivos, resulta totalmente imposible una práctica tan natural para todos nosotros como es el préstamo de libros. No me refiero a las bibliotecas, sino a la sana costumbre de “pasarse” los libros entre amigos, familiares o compañeros de trabajo o de escuela, tan pronto como los hemos acabado de leer nosotros.  Con estos libros electrónicos de Sony y Amazon solamente la persona que paga por una novela tiene derecho a disponer de ella en su libro electrónico. Y no es un misterio para nuestros estimados lectores que si ya es una lucha en nuestros países animar a nuestros conciudadanos a leer, pues más todavía lo va a ser cuando ni siquiera se pueda realizar a título personal dicha invitación a la lectura prestándole a un amigo un libro de temática que seguramente le va a gustar. No entendemos por qué la industria editorial no concibe una realidad clara como pocas cosas lo son: una persona que no lee jamás comprará un libro. Una persona a la que le gusta leer es posible que compre libros. Pero a nadie le gusta leer “como algo congénito”. El hábito de la lectura es algo que se tiene que adquirir mediante la práctica: leyendo, y para eso las personas desde siempre son introducidas a la lectura, primero en la escuela, y depués sobre todo gracias al préstamo.

Afortunadamente, existen otras empresas y organizaciones que sí ven una ventaja en los libros electrónicos y no ven una desventaja económica en que se fomente el hábito de la lectura. iRex, una sucursal de la compañía holandesa Phillips, comercializa su libro electrónico “iLiad”. Este dispositivo puede conectarse a Internet mediante WiFi (a diferencia de los modelos de Sony y Amazon, que solo permiten la conexión a sus respectivas tiendas online y desde países autorizados), permite cargar y descargar libros en su memoria sin ningún tipo de restricción. Al no ofrecer restricciones en lo que respecta al intercambio de libros, ya hay organizaciones que están desarrollando esquemas para que grupos de personas (clubs, compañeros de proyecto, amigos, familiares, etc.)  sean capaces de compartir su material de lectura (no solamente libros comerciales, también ensayos y documentos de trabajo) mediante la conexión de Internet de la que dispone “iLiad”. Incluso hace las veces de pizarra electrónica, pudiendo dibujar o escribirse en su papel electrónico con un pequeño dispositivo de plástico que hace las veces de bolígrafo, y después grabar estos manuscritos y enviarlos a la computadora a través de Internet. Su coste es superior, 400 dólares, superior a los anteriormente descritos, pero sin duda su falta de limitaciones y su ambivalencia como libreta de notas electrónica bien valen la pena la inversión extra.

Es importante que estemos al día de los desarrollos tecnológicos, de sus usos y de su impacto en aspectos tan importantes para nuestra sociedad como son tanto la difusión de la cultura, como su restricción en nombre de los beneficios económicos de ciertas empresas. Una época de cambios como la que nos ha tocado vivir es una época de oportunidades solamente si estamos atentos, comprendemos dichos cambios y logramos que no salgamos perjudicados debido a ellos.

Lawrence Lessig pronostica un 11 de septiembre en Internet y un subsecuente recorte drástico de las libertades civiles en Internet

Leo en Boing Boing que en una entrevista durante la conferencia de Fortune «Brainstorm Tech», Lawrence Lessig, autor de libros tan importantes como Free Culture, ha afirmado que en el futuro próximo habrá una hecatombe en Internet equivalente a los eventos del 11 de septiembre de 2001 y que servirá de coartada perfecta al gobierno estadounidense para introducir leyes que implican un recorte de las libertades civiles también equivalente a las terribles Patriot Act I y II, pero cuyo objetivo son los derechos digitales.

Nos dice Lawrence Lessig que Richard Clarke, ex alto funcionario para la lucha anteterrorista del gobierno de EEUU, le aseguró que dicha legislación equivalente a las dos Patriot Acts pero para el entorno digital ya están preparadas, listas para entrar en vigor en cuanto la ocasión lo permita.

Aprovecho para recomendar la lectura de esta explicación del ya archiconocido fallo de seguridad de DNS descubierto por Dan Kaminski, que, por cierto, podría ser uno de esos fallos de seguridad que bien explotados podrían permitir el derrumbe total de Internet – igual que dejar que viajeros suban a un avión con afilados cutters, catalizadores para un 11-S digital en toda la regla.

Falsifican un pasaporte RFID y le añaden la foto de Bin Laden!!!

Recientemente hablábamos del robo de 3000 pasaportes RFID en blanco en el Reino Unido y explicábamos de manera sencilla y esperemos que comprensible por qué la versión oficial de las autoridades que decían que «con ese pasaporte no se podrán cruzar fronteras» es totalmente erróneo. Explicábamos que debido a lo precario del sistema de cifrado escogido, sería muy fácil «crear datos ficticios», cifrarlos y posteriormente escribirlos en el chip de tal manera que los lectores de pasaportes en las fronteras asumieran que el pasaporte «es válido».

Bueno, pues en la universidad de Amsterdam no solo lo han explicado, sino que lo han demostrado con hechos. Y de manera espectacular: han creado un pasaporte RFID «válido» ¡¡¡¡con los datos y la foto de Bin Laden!!!!

La noticia aparece en varios medios: The Times y El Mundo, entre otros.  

No tengo por qué recordar que existen ciertas fundas con jaula de Faraday integrada que evitan las lecturas no deseadas de tu pasaporte RFID, ¿verdad?

Tecnologías de la información y la comunicación, libertad individual, derecho a la privacidad. ¿Cómo lograr que los avances en lo primero no afecten negativamente ni a lo segundo ni a lo tercero?