La nube y la empresa: cuento de la lechera 2.0

Sobre la enorme nube de Google se está hablando mucho. Unos diciendo que Internet se va a convertir en GoogleNet. Los otros diciendo que las empresas deberían empezar a olvidarse de sus sistemas corporativos y pasarse a la nube, comenzando por el correo electrónico.

Menos mal que llegó el abogado Javier Maestre del bufete Almeida con una parábola que expresa el sentido común del justo punto medio: el cuento de la lechera 2.0.

Privacidad en el correo electrónico: sabias palabras de George W. Bush

Nunca creí escribir «sabias palabras» y «George W. Bush» en la misma frase, pero hasta él ha demostrado que el dicho «nunca digas de este agua no beberé» es certero.

Dichas palabras son el contenido del último email que el todavía presidente de Estados Unidos escribió desde su cuenta personal, G94B(arroba)aol.com, justo antes de tomar las riendas del país en enero de 2001. La traducción es mía:

Puesto que no quiero que la gente cuyo objetivo es burlarse de mí tenga acceso a mis conversaciones privadas, la acción a tomar es no usar el correo en el ciberespacio. Esto me entristece. Me ha gustado conversar con todos vosotros.

No es cosa nueva que los emails sin cifrar son como escribir sobre una postal. No puedes evitar que el cartero, o cualquier persona que tenga contacto con ella, la lea.

Y es algo que hasta George W. sabe, así que ¡apliquémonos el cuento!

Fuente: C|Net News.

Aeropuerto de Manchester: control de pasaportes automático

Ya he comentado alguna vez que Manchester es el aeropuerto más paranoico del mundo. Y con razón: sus instalaciones son utilizadas por la Interpol para probar sus juguetitos nuevos en cuestión de control ciudadano.

El otro día pude ver con mis propios ojos el sistema que instalaron en septiembre del 2008: un control de migración sin empleados. Es una instalación con puertas elevadas, lector del pasaporte RFID y cámara digital. El funcionamiento es el siguiente: lee el chip del pasaporte, te hace una foto, coteja tu hermoso rostro con la información biométrica contenida en el pasaporte, y si hay coincidencia (y tu nombre no está en ninguna lista de pasajeros chungos) te deja pasar.

Como siempre, el marketing es sencillo. Primero generas unas colas enormes en los puntos de control tradicionales, y luego pones a un «gritón» indicando al río de pasajeros que si tienes pasaporte con chip (le llaman electrónico), te evitas la espera pasando por las puertas. Yo me negué a hacerlo, por supuesto: soy una persona con principios.

El convertirnos a todos en ganado marcado no me gusta. Pero es que además la situación es idiotizante. Ese pasaporte, que acaba de aprobar la UE, ¡años después de que se comenzase a emitir en los estados miembros! se puede clonar y trucar, lo repetimos: se puede conseguir cambiar la información biométrica del chip en un pasaporte robado para que en lugar de la foto de Norma Duval salga la mía. O que en lugar de la de John Smith salga la de Osama Bin Laden. Y esto último no es un supuesto: lo han hecho investigadores holandeses. Así, ¿qué seguridad me aporta el sistema automático? Esto daría risa si no fuese tan grave.

Así van los burros con antojeras. Si en 2005 el Reino Unido lanzó el programa e-borders de implantación de estos sistemas de control automático, pues erre que erre, hay que ponerlos… sean seguros o no.

Más: Artículo en The Guardian sobre este control automático.