Lo leemos en The Register.
El gobierno británico intenta pasar legislación para que los diferentes ministerios y organismos oficiales puedan compartir información sobre los ciudadanos británicos.
Los expertos en leyes dicen que esta nueva ley probablemente viola el artículo 8 de la convención europea sobre derechos humanos (que podéis consultar en este post de La Vigi).
Cuando se le ha preguntado al gobierno sobre este tema, la respuesta ha sido que «próximamente harán un comunicado público».
En lo particular me parece horrendo que se viole el derecho a la privacidad de los ciudadanos (británicos o no), pero tras trabajar desde la iniciativa privada en proyectos de apoyo a concursos de la administración pública británica, puedo ver por qué intentan pasar esta ley: porque desde el punto de vista organizativo, el sector público británico es una olla de grillos – es lo que tiene el enfoque liberal a la británica en contraposición con el estilo jerárquico centralista francés: autonomía alta, capacidad de control prácticamente nula. Y este es uno de los caballos de batalla actuales tanto en grandes corporaciones como en el sector público, le llaman «governance»… y para poder hacerlo, primero hay que poder monitorizar, saber qué es lo que hay.
Ejemplos de desmadre de datos inglés:
En la Seguridad Social (NHS), por ejemplo, hiper fragmentada en decenas de Strategic Health Authorities, Primary Care Trusts y Dios sabe qué otros reinos de taifas, no hay manera de obtener cosas simples como: un listado de todas las clínicas asociadas a la Seguridad Social (los ambulatorios, vaya); todos los médicos que ejercen y trabajan para la Seguridad Social; un listado de todas las personas con cobertura de Seguridad Social, y de ahí al infinito…
Mucho de ello debido a la nula costumbre de la dualidad persona-número que tienen los anglosajones. A nosotros en España nos pasa al revés, estamos habituados a ser un número: el Documento Nacional de Identidad, a partir del cual se pueden obtener toda otra serie de subnúmeros, como por ejemplo… el número de afiliado a la seguridad social. Aquí en España ni jarto vino te ve la cara un médico si no le presentas la tarjetita que demuestra que tienes derecho al servicio; si eres extranjero, es probable que junto a la tarjetita te pidan el NIE para cotejar el nombre y tu cara. Allá en el Reino Unido muchas veces ni te piden que muestres la tarjeta. En las recetas médicas lo de informar el NHS number del paciente es «optativo»… una pesadilla para la «governance», una venda en los ojos del controlador central… el control, una de las obsesiones principales de Tony Blair.
Conclusión: Lo que venimos diciendo aquí desde hace más de un año. Que se requiere un marco ontológico y legal en el manejo de datos personales que permita (1) maximizar el beneficio a la ciudadanía que puede ofrecer un tratamiento inteligente de toda la información disponible pero (2) sin comprometer o poner en peligro el derecho a la intimidad y la privacidad que disponemos por haber tenido la suerte de nacer en países democráticos (mejor dicho, vivir, porque cuando yo nací Franco todavía era caudillo y jefe de estado).
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