No podía ser de otra manera. Primero desarrollan la tecnología, luego la prueban, luego los políticos dicen que noooo, no lo vamos a usar, y luego un iluminado ya fichado por la TSA y el MI5 intenta volar un avión en Navidad y ¿qué es lo que pasa? Que aprovechando el miedo van otra vez esos mismos políticos y aprueban el uso de los scanners de cuerpo completo, de momento en los Países Bajos y en el Reino Unido.
Nosotros ya lo hemos dicho multitud de veces, así como otros expertos en seguridad de muchísimo más renombre: el dinero invertido en estos engendros de control multitudinario estaría mejor invertido en medidas de inteligencia. ¿Me van a decir a mí por qué si este señor nigeriano estaba fichado por los servicios de seguridad de Estados Unidos y del Reino Unido no se le sometió a un control exhaustivo «a pelo» en el aeropuerto de Schiphol? Fácil: porque la policía está desbordada requisando mi botellín de agua y el biberón de aquella señora, no dan abasto y no se concentran en lo que realmente importa. De juzgado de guardia. ¿De qué vale tanto enviar los datos de los pasajeros a EEUU no sé cuántas horas de la salida del vuelo si luego no se hace nada con la información de que un miembro de Al Qaeda va en el avión? ¿Ven por qué hablamos del teatro de la seguridad para referirnos al paripé que se ha montado en los aeropuertos? Pues nada, más de lo mismo. Solo que ahora el paripé es porno.