UK: Rate your mate, acusa a tus amigos


El otro día iba caminando por el college y me llamó la atención un panfleto de colores abeja maya y con un texto llamativo: derrapes con el freno de mano. Yo los inventé.

Se trata de la iniciativa británica «rate your mate», que resultará familiar, versión 2008, a los que hayan leído 1984. Se trata de un programa para que los jóvenes puedan denunciar a sus amigos que conducen mal, o que lo hacen borrachos. Es una cosa muy dospuntocerista: te das de alta en la Web r8urm8.com (nada críptico por estos lares: es como se escribiría en SMS británico «rate your mate»), buscas a tus amigos, y a partir de ahí les das nota sobre cómo se comportan al volante. Si todo va bien, prometen premios y descuentos en el seguro. Si los amigos te dan malos reportes, solamente avisan que «tus amigos te dejarán muy solo». Lo que hagan realmente las autoridades con esos datos… solamente ellos lo saben. Mi apuesta: van a ganar un dinero con ese fichero de «conductores penosos» por el cual las compañías de seguros seguro que se rascarán el bolsillo.

El problema de los borrachos al volante, así como el de los jovencitos que no son conscientes de que un «game over» al volante es un «game over» de verdad, es muy serio. Pero ¿es la solución crear un procedimiento para acusar pública y anónimamente a tus amigos?

Roban datos bancarios de 21 millones de alemanes

A través del periódico mexicano El Universal nos enteramos de que corre por el mercado negro un fichero con los datos personales, incluyendo los de patrimonio y las cuentas bancarias, de 21 millones de alemanes.

Esto se descubrió como parte de una investigación periodística del diario económico Witschafswoche. Según esta publicación, se pedían 12 millones de euros por dicha información personal. Ya han realizado la correspondiente denuncia en los juzgados de Düsseldorf.

¿Quién hablaba el otro día sobre la vida privada como producto?

Do you poken? ¡Ni de coña!


A través de El Navegante me entero de la existencia de los poken, la última idea ultracool para la generación Facebook. Antes de explicar qué son los Poken y por qué nos han llamado la atención, déjenme explayarme un poquito sobre este último nuevo término periodístico. El Facebook, en mi experiencia, lo tiene to’quisqui de 0 a 50 años para ver las fotos de las vacaciones de sus amigos, porque aquellas largas e interesantísimas quedadas «para ver las fotos» han desaparecido (¡menos mal!), así que esa generación Facebook va a ser la más grande de la historia, ¿no?

En los entornos que tienen que preocuparse, por ley y por supervivencia, de la seguridad y privacidad de datos, se están prohibiendo las llaves USB y demás dispositivos portátiles de almacenamiento de datos. ¿Por qué? Pues porque se nos hace muy fácil meterles datos, pero más fácil todavía es perderlos. Lean la prensa británica cualquier día y es prácticamente seguro que se van a encontrar un escándalo de pérdida de datos. Rara vez dicho escándalo es por debilidad de un sistema y consecuente acceso no autorizado a él. Prácticamente siempre el escándalo es debido a la pérdida de un dispositivo de almacenamiento de datos, ya sea un CD o DVD con los datos de todos los contribuyentes, un disco duro portátil con los datos de los clientes de una importante tarjeta de crédito, una llave USB con los datos de los presidiarios de una región concreta, la BlackBerry de un espía del MI5 o un portátil del ministerio de defensa, etcétera.

Pues bien, ahora unos cuantos «iluminados» deciden inventar los Poken, unos cacharros con forma de animalito que permiten intercambiar los datos de contacto en varias redes sociales (Facebook, MySpace, etc. etc.) con solo poner en contacto las manitas de los respectivos Poken (entendemos que mediante una conexión Bluetooth). Estos bichos pueden guardar hasta 64 perfiles de amigos, además del propio. Se descargan al ordenador a través del puerto USB, y de ahí los detalles van a las redes sociales en las cuales se encuentran nuestros nuevos amigos.

Dos cosas: en primer lugar, la ley de Metcalfe dictará si esta cosa es un éxito o bien si resulta más inútil que un video Beta en 2008. En segundo lugar, por muy mono que sea el bichito, no deja de ser un dispositivo USB, tan pequeño y perdible como cualquier otro. No me parece buena idea llevar datos personales de este modo (y los de contacto en Facebook lo son), pero todavía me parece peor la posibilidad de que alguien se haga pasar por mí y se ponga a crearme amigos «de dudosa reputación» (no van a ser pederastas, descuiden: serán cuentas comerciales encargadas de bombardear con publicidad no deseada) en mis perfiles personales.

Si la gente piensa, el Poken durará más bien poko.

Los riesgos de poner tus información personal en Internet según las agencias de protección de datos catalana y española

En El Mundo podemos leer una entrevista con Artemi Ramos, director de la Agencia Española de Protección de Datos.

Para no ser menos, La Vanguardia publica una entrevista a Esther Mitjans, la directora de la Agència Catalana de Protecció de Dades.

Para «la piratería» se gastan el dinero a espuertas en una estúpida campaña millonaria. Para esto de los datos personales en Internet, con sendas rácanas entrevistas en prensa ya basta. Está claro que el de los datos personales es el futuro negocio del siglo, y quieren mantener un perfil bajo… es decir, «que la gente no se entere».

Crimen de Pontevedra: falló algo mucho más fundamental que la pulserita

En la prensa tradicional están preguntándose por qué falló el sistema que se supone que debía haber protegido a la señora de Pontevedra asesinada por su expareja, supuestamente vigilados agresor y víctima por pulseritas GPS.

La pregunta venderá periódicos pero no es la que ayudará a que más personas en situación de riesgo salven la piel. El problema es mucho más importante, y que yo sepa todavía nadie lo ha cubierto. Nosotros lo hemos dicho muchas veces. Hay problemas que no se solucionan a base de echarles dinero y tecnología encima. El asunto de la videovigilancia es un ejemplo claro. A pesar de lo que nos hagan sentir, los datos “cantan”: no hay una relación directa entre la reducción de tasas de crimen y la instalación de cámaras de videovigilancia. De hecho, hay oficiales de la policía británica que han tenido dos narices, han dado un paso al frente, y han dicho clarito que todo ese dinero invertido en cámaras se podría haber gastado en mejorar las condiciones de trabajo de los agentes, tanto en la oficina como patrullando en la calle con la convicción de que esto sí hace algo por mejorar la seguridad de la población.

¿Por qué afirmamos que sin camaritas, sin pulseritas, y sin chips defectuosos en el pasaporte la seguridad mejora? Pues porque dichos artilugios nos dan una sensación de falsa seguridad. En algunos casos porque debido al puñetero marketing, se afirma tantas veces que la tecnología es infalible (chip del pasaporte) que el agente fronterizo se relaja. “Si tiene chip y se lee bien es un pasaporte pata negra, no tiene sentido que me esfuerce en averiguar si es un documento falso”, piensa él, porque su estado se aferra cabezonamente a la idea feliz de que “es un sistema seguro” y así se lo hacen saber. En otros, por puro fenómeno psicológico. Si el sentido común dice que no saques a pasear el perro por el parque cuando se hace oscuro, el ver esas flamantes y ubicuas cámaras blancas apuntando a todas partes podría dar la impresión al ciudadano de que “la policía está vigilando”, de que los carteristas y violadores ya no operan allá, de que es seguro pasear por allá a esas horas. ¿¿Estamos seguros de que es seguro??

Este caso de las pulseritas desgraciadamente es otro ejemplo. ¿Reagrupar a personas amenazadas, asignarles unos agentes que ronden su domicilio, hacer llamadas frecuentes para ver qué tal va todo? No hombre, no, qué antiguo suena todo eso. Mejor le ponemos una pulserita GPS a futuro agresor y futura víctima “y ya sonará una alarma en la central”. Central, por cierto, que ha sido diezmada de agentes porque claro, “con la pulserita de marras conseguimos un aumento de eficiencia de tanto por cierto, lo cual significa que sobra personal”, así que, pite o no pite la alarma, ¿habrá agentes disponibles para desplazarse a todos los rincones de la geografía española donde un potencial agresor se esté acercando a una potencial víctima? Lo dudo mucho.

Parafraseando a Gabriel García Márquez, esto de Pontevedra no ha sido más que la “crónica de una muerte avanzada”. Muerte por exceso de tecnología.