Redes sociales y privacidad: reflexiones, y un caso real

En Baquía se hacen eco de las declaraciones de Nigel Smart, profesor de informática de la universidad de Bristol, que se pregunta sabiamente por qué nos preocupamos tanto por poner cortafuegos y antivirus para proteger nuestros datos, si luego a través de actividades online de esas que se cobijan bajo el paraguas del término «Web 2.0» los usuarios no tienen ningún reparo en compartir su información personal, publicar sus fotos, sus vivencias, sus ideas, etc. Según el profesor, «la gente abandona su privacidad sin darse cuenta«, y podría costarnos caro, ya que una vez en Internet, es imposible borrar toda esta información.

Y como para dar la razón a este profesor, leo en el periódico inglés Metro que hace dos semanas el encargado de una cafetería en Barrow-in-Furness, Cumbria, noreste de Inglaterra, casi fue linchado por los vecinos del pueblo debido a los comentarios despectivos hacia esa población que el infeliz escribió en MySpace. Afortunadamente, la policía llegó a tiempo y pudo rescatarlo.

El empleado, originario de Newcastle, en el noreste de Inglaterra, tuvo problemas de toda índole desde su llegada a Barrow-in-Furness: le rompieron los cristales de la tienda, le entraban a diario a robar, encima estaba alojado en un hotel no muy cómodo, y le dio por desfogarse en su blog.

Lo dicho: a veces uno se arrepiente de lo que dice, publica o «sube», y es que en Internet por oculto que esté un contenido, «San Google» puede encontrarlo (y además seguro que lo guarda en caché).

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