En el NYTimes de hoy me he encontrado este artículo en el que se explica la utilización por parte de las cadenas de supermercados de «métodos científicos» para analizar los patrones de comportamiento de sus clientes y así decidir tanto lo que venden en sus tiendas como la disposición de los productos – el objetivo es maximizar los beneficios, por supuesto.
Es curioso cómo dicen que encargan este «espionaje» de los clientes a empresas que analizan el comportamiento desde un punto de vista «antropológico». Aunque la mona se vista de seda, antropólogo o no, es un mirón el que te está siguiendo y anotando todo lo que haces en su libretita.
Imaginad si nos pudieran seguir a través de toda la tienda gracias al etiquetaje con RFID, a todos los que entremos, sin tener que pagar a mirones.
Y ahora imagina que para que el supermercado pueda hacer sus optimizaciones, a ti te venden los productos marcados con RFID. Imagina que te compras un Rolex. E imagina que un ladrón con un lector de RFID bien afinado está justo en la puerta escaneando la compra de los infelices que le pasan por delante, detecta tu Rolex, y te sigue hasta el oscuro y solitario parking…
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