Para entender…

El viernes me desperté en una ciudad familiar, pero que no es la mía, tras haber podido dormir apenas unas horitas. Tube a la City para una reunión de trabajo, por la tarde íbamos a un evento donde nos reencontraríamos con una buena amiga japonesa. Saco el teléfono para ver el correo y las noticias, y shock monumental – terremoto y tsunami en Japón.

Hoy martes vivimos la paradoja de que un cataclismo geológico y por lo tanto de incuantificable impacto económico y humano haya quedado minimizado en los medios de comunicación por algo incluso peor, un desastre nuclear que ya se ha colocado como el segundo más grave de la historia. Leo un titular: «La suerte de Japón depende de 50 personas: los operarios que aún no han sido evacuados» y no puedo sino recordar lo que sentí al leer las primeras 20 páginas de la novela de Jorge Volpi «No será la tierra«. En ellas, una descripción de los eventos de Chernobyl desde el punto de vista de los que quedaron al pie del cañón que me hizo llorar a ratos durante semanas.

Es una pesadilla leer un titular tan reminiscente a esa historia que jamás se debería repetir. Es una pesadilla mayor todavía pensar hoy en Japón y no pensarlo en abstracto, sino pensar en nombres y caras queridas.

¿Qué se dice en estos casos? ¿Que solo nos queda rezar?

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