La discriminación en el entorno laboral, un mal extendido

Solo dos veces en la vida he sufrido discriminación en el entorno laboral (fuera de él una vez me apedrearon por extranjera y he sufrido abusos verbales por otras cosas, pero esa es otra historia). Una de ellas ha sido hoy y estoy obviamente cabreada. Aprovecho para narrar ambas ocasiones juntas y así llegar a una verdad universal: cabrones hijos de puta neandertales (con perdón de los neandertales y de las putas) que no tienen ni puta idea de “con quién están hablando” (aunque opinaría lo mismo si el abuso fuese hacia la señora de la limpieza) los hay en todas partes.

Madrid, 2001. Me llevan de Barcelona a Madrid para una reunión con un proveedor potencial de tecnología. Mi papel en dicha reunión: dar el visto bueno técnico, vamos, enterarme si lo que nos están intentando vender es un producto de verdad, sólido, que funcione, que escale bien y que tenga un ciclo de vida decente, o si se trata simplemente de un montón de humo. Muy estilo de Madrid (¡esto lo digo por envidia!): acabar la sesión en un restaurante donde se come de maravilla, y el dueño de la empresa proveedora se apunta y paga la factura. El señor tiene una verborrea incontrolable y se dedica a despachar conversación con todos los asistentes. En medio de charlas interesantes sobre la logística de distribución de productos, los proyectos de innovación SEUR en aquella época, la pobre cobertura de GPRS en España, en fin, lo que toca, y yo participo activamente, no en vano también sufro una verborrea incontenible. El señor propietario de repente se gira hacia mí y ni corto ni perezoso me espeta:

  • Parece que la Pantoja se divorcia, ¿no?

La respuesta que di no la voy a reproducir, solo escribiré que me dio un placer increíble escribir un largo y tendido informe demostrando a los directores de la empresa para la que trabajo que… nos estaban intentando vender un montón de humo.

Sur de Londres, 2009. No puedo dar muchos detalles de esta por un acuerdo de confidencialidad (de hecho esto es un blog personal, no un blog corporativo, y no es sitio para hablar de según qué cosas). Pero me llevan a una reunión similar (pero de mucha más importancia) desde el verde y rural norte de Inglaterra hasta el rico suroeste de Londres para entender la arquitectura de un sistema muy novedoso, así como la manera de trabajar de la start-up que lo produce, para ver si tanto el producto como el equipo estarían a la altura del proyecto de grande, grandísima magnitud que nos traemos entre manos. Nos hacen la demostración de producto, todo bien. Nos hacen una presentación técnica de todos los componentes, todo tiene muy buena pinta. Nos presentan al director clínico. El típico médico chulo y creído (en contraposición a la mayoría de los médicos, que son buenas personas) con un ego de tamaño inversamente proporcional a la longitud de su… en fin, no digo más. A la reunión asistimos dos personas de mi empresa: yo (mujer de treinta y tantos claramente del sur de Europa) y otro compañero (holandés de 1.90, rubio como el sol, con los pantalones “chinos” y la camisa de algodón que corresponde a todo “directivo medio” al que dicen que vaya a una reunión con vestimenta casual). Yo tengo 9 años de experiencia en la tecnología que estábamos discutiendo y 6 en el área de negocio en la que se aplicaría. El, cero experiencia en la tecnología (nunca la tendrá, es un manager de cierto nivel) y apenas 6 meses en el negocio (eso sí lo aprenderá, no es nada tonto). El director clínico obviamente aplica su listado de prejuicios y la reacción: no me mira ni siquiera cuando le pregunto, todas las respuestas van hacia el holandés, por supuesto obviando que tiene delante a dos profesionales de tecnologías de la información (¿¿o al revés, de modo bien consciente??), dándoselas de importante a base de bla bla en jerga que no nos sirve para nada. El desdén con el que me trataba fue tan exagerado que hubo un momento que me dieron ganas de girarme y salir del despacho exclamando un “me voy al baño, tengo cosas mas importantes que hacer que escucharte”, pero eso lo haría con 20 años, no ahora. Así que a donde duele:

  • Tengo una pregunta. Todo esto suena muy interesante y tiene mucho potencial, pero ¿ya has completado los “clinical trials” y cuál fue el resultado?

Y el tío, mirándome como a una mosca que se le acababa de posar en la nariz:

  • El área de la bla bla bla tiene 30 años desde que se desarrolló, (y de modo no verbal: no sé por qué preguntas eso, cállate).

Y yo:

  • No te estoy preguntando sobre la investigación científica sobre este asunto tan interesante. Te estoy preguntando si habéis completado los clinical tests del cacharro que vosotros producís, porque el director de marketing me acaba de decir que tendrás los resultados dentro de una semana, y esto que me dices de que ya está hecho desde hace 30 años no casa con que tengas los resultados la semana que viene.

Por supuesto, el tipo cambió el tema y siguió hablando con el holandés. La cara del director de marketing, un tipo mil veces más inteligente aunque no tenga tres doctorados, no he de describirla.

Tras la reunión, supongo que para hacer las paces tras “una conversación” con el director de marketing, el tipo se dirigió a mí mientras degustábamos un delicioso Nescafé sin azúcar “porque no tenían en la oficina” y va y me empieza a explicar sus incontables vacaciones en “Lorei”, “Lansarouti” y otros puntos de la Península Ibérica, Baleares y Canarias que no llegué a retener, no por falta de comprensión (domino el “dos serveisas por favour» perfectamente), sino de interés.

La respuesta que le di tampoco os la voy a escribir aquí. Ahora me estoy pensando qué pondré en el informe que voy a escribir justo cuando acabe con este post, lo tengo difícil: tienen a un cerdo con muy buenos contactos como director médico, pero su producto tiene muy buena pinta. Mi problema es que, diga lo que diga el estereotipo sobre los latinos mediterráneos que tienen los hipócritas anglos, la ética está en mi ADN, así que muy a mi pesar creo que ese desgraciado se va a llevar un “bonus” de la hostia esta Navidades.

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