A veces me agota mi modo de ver las cosas intelectualmente hablando. Lo que tengo delante lo obvio, es conocido, me aburre, lo practico solamente bajo presión. Pero lo que está en la periferia del tema a tratar es otro cantar… me pongo a rascar, a investigar, a aprender más, y a medida que esa periferia se hace otra vez centro, vuelvo a rascar por los bordes… es el nunca acabar. A veces envidio el modo de ver las cosas no de los que se enfocan y sacan faena (esto ya es cuestión de disciplina, en ese aspecto yo completo muchísima y siempre a tiempo, aunque dijéramos que la cosa se pone «emocionante» hacia el final), sino de los que solo conocen una manera de hacer las cosas, se dedican solo a ella y la subliman hasta la perfección (o no). ¡Qué paz, qué sosiego, qué tranquilidad mental!