Normalmente no hablo de estas cosas, pero me ha encantado esta iniciativa… esto empezó en Lima, Perú, y se está extendiendo a México. Hay personas que se organizan para salir a la calle con pintura y escaleras y un objetivo: corregir señalizaciones y carteles publicitarios a los que les faltan los acentos. Estos eventos tienen un curioso nombre: «tildetón» 🙂
Si viviese en Barcelona me animaría a organizar algo similar. Para no herir sensibilidades, ¡los participantes corregiríamos los carteles en las dos lenguas oficiales de la ciudad! y no nos limitaríamos a los acentos: corregiríamos las faltas ortográficas sin compasión.
Más información en «acentos perdidos«.
Leo en La Vanguardia Digital que el joven mancebo protagonista de «Crepúsculo» está convencido de que «Twitter le ha arruinado su vida» ya que las (y los) fans que lo ven por la calle enseguida informan de su hazaña en este servicio de microblogging y de esta manera se forman enjambres de seguidores que quieren encontrarse con él: el chico se siente agobiado.
Honestamente alucino con estos niños guapitos. ¿Acaso creen que les pagan tanto dinero por su talento? Pues no, más bien por su percha y su ángel. Les pagan porque generan expectación, porque la gente paga no solo por ver sus películas, sino por saber de sus vidas, comprando revistas de cotilleo, viendo programas del corazón…
Yogurín, cuando te pongan un contrato delante de las narices, antes de firmar en la línea de puntos, piensa que con el dinero y el privilegio de la fama a algo vas a tener que renunciar. Si juegas, atente a las consecuencias.
Tecnologías de la información y la comunicación, libertad individual, derecho a la privacidad. ¿Cómo lograr que los avances en lo primero no afecten negativamente ni a lo segundo ni a lo tercero?