UK: sistema de seguimiento de sangre para transfusiones, taggeando bolsitas de sangre… y pacientes, claro

El programa se llama «Right Patient, Right Blood» y se trata de solucionar un problema enorme que tienen en el Reino Unido. Resulta que entre 1996 y 2004, cinco, c-i-n-c-o pacientes fallecieron por haberles dado una transfusión sanguínea del tipo equivocado.

Esto por supuesto hace que sea imprescindible iniciar un carísimo programa basado en RFID para asegurarse que nunca más vuelva a pasar (el tono irónico es porque en el Reino Unido hay hospitales donde mueren CIENTOS de pacientes al año debido a infecciones que «pescan» debido a la pobrísima higiene y carencia absoluta de personal). Cada vez que alguien dé sangre, la bolsita se marcará con un chip de radiofrecuencia (RFID), pero esto sería incompleto, porque no garantizaría que esa «sangre correcta» se le inyecte al «paciente correcto». Para el paciente en el momento del ingreso, pulserita con RFID, por supuesto.

No nos gusta el RFID para identificación de personas, es injustificable, en este caso menos todavía, ¡¡porque no existe un sistema informático que garantice que no vaya a haber 5 errores en 8 años!! Ese dinero estaría mejor empleado en desinfectante y en el salario de personal, tanto clínico como de limpieza.

Enlace al proyecto, en la página del programa de informatizacion del ministerio de sanidad británico.

Natal: ¿Pa’ qué quiero yo una cámara de Microsoft mirándome mientras estoy en el sofá?

Como perros de Pavlov, oiga. Todo el mundo está babeando desde que ayer en la feria E3 de Los Angeles la gente de Microsoft presentara lo más nuevo para su consola XBox: el proyecto Natal, cuya premisa es cargarse el mando. A la consola se le enchufa una cámara que mira al jugador, detecta su cara (para escoger automáticamente el avatar que lo representará en el juego) y detecta sus gestos (para trasladar al universo de los pixels los mamporros que está pegando).

La gente ha perdido el oremus. ¿Pagar para meter en casa una cámara que te puede identificar y que puede entender qué estás haciendo enfrente de la tele? ¿Es que nos hemos vuelto locos todos? Esto es videovigilancia a domicilio, cortesía de Microsoft, y lo demás son tonterías.

(Mejor nos quedamos con el nuevo Motion Controller de la PS3 de Sony, que hace lo mismo pero sin cámara, solo te tienes que poner unas tiritas multicolores en las extremidades. ¡Opinemos con la cartera!)

¿El derecho a leer? No, el derecho a educarse, versión 2.0

Los más listos de la clase han sabido leer entre líneas (y en El País) de lo que verdaderamente se trata este asunto del portátil para los alumnos de primaria en España. Se va a aprovechar para meter un DRM brutal, un mecanismo a nivel máquina (hardware) que solo permita el acceso a cada libro de texto al alumno que lo tenga asignado y para el cual se ha pagado licencia.

Inmediatamente nos ha venido a todos a la cabeza el cuento de Stallman titulado «el derecho a leer» y en el cual se narra la historia de un estudiante ¿¿de un futuro lejano?? al cual se acerca la chica guapa de la clase para pedirle que le deje por favor leer un texto que él tiene en su ordenador y del que ella, por un motivo que ni recuerdo, no dispone.

Si a todo esto le sumamos que el grupo PRISA se va a tomar por saco con un agujero multimillonario, y que las únicas dos patas de la empresa que no hacen aguas son Alfaguara en Latinoamérica (porque allá en pleno estilo neocolonial e imperialista a la gente le cobran la burrada que les da la gana por una novelita) y sobre todo Santillana-libros de texto escolares, pues esta premura del gobierno por repartir portátiles y al fin implementar el sueño húmedo de los libreros (y aberración para los amantes de la cultura) de forzar que el libro sea de uso unipersonal ya no se antoja tan apresurada.

Yo creo que esto va mucho más allá del derecho a la lectura, porque para mí la situación (eliminando el elemento digital) es un déjà vu, y sé que lo que esta gente se trae entre mano es el derecho a la educación básica. Prepárense para el flashback… Barcelona, finales de los ochenta. En medio de un barrio obrero y a tiro de piedra de otro marginal se erige un instituto de bachillerato… con más aire del pueblo de Astérix que otra cosa. En este entorno, la diferencia entre estar escolarizado o pasarte los días en la calle pateando piedras al sol es en muchas ocasiones que la familia tenga suficiente dinero para pagar los carísimos libros de texto cuando llega septiembre (en México la gente alucina cuando se enteran de que en España son de pago, ¿pero no eran primer mundo?, me preguntan siempre). El director del instituto le pone remedio: logra que los profesores crean sus materiales siempre que sea posible, y solo excepcionalmente se usa libro de texto, que compra la escuela y «alquila» al alumno, que paga una cantidad casi simbólica en concepto de reprografía y uso de esos libros. Los estudiantes solo pueden escribir sobre ellos con lápiz y al final del curso hay un masivo ejercicio de goma de borrar para dejarlos presentables para que los reutilicen los alumnos del año siguente.

El resultado: un año sí, otro también, al director del instituto lo suspenden de empleo y sueldo desde la Generalitat de Catalunya «por malversación», y en consecuencia, un año sí, otro también, vamos a la huelga, cortamos el tráfico en la Diagonal, en la recién inaugurada Ronda del Literal… hasta que vuelven a admitir al director.

Yo de adolescente ya luché por el derecho de mis amigos y vecinos a la educación. Lo que está no ya consintiendo, sino implementando, el gobierno español hace que haya llegado el momento de hacerlo de nuevo.