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Stuff y los modelos económicos sostenibles

Stuff. Cosas, trastos, «pongos», libros, CDs. Poco a poco los vamos acumulando y llega un momento en el cual nos damos cuenta que han invadido totalmente nuestros hogares y nos ahogan con su presencia. Tener muchas cosas pesa, tener un número creciente de cosas en un espacio que no se expande agobia.

Típicamente ese momento nos llega cuando incursionamos en la mediana edad, es decir, cuando nuestro poder adquisitivo está en su nivel más alto, cuando tenemos más capacidad de comprar más cosas. En dicho punto hay solamente tres cosas que podemos hacer: 1. desarrollar un síndrome Diógenes y seguir acumulando hasta el punto de no poder hacer vida normal en casa. 2. incrementar el espacio, es decir, mudarnos a una casa más grande, o 3. cambiar de hábitos de consumo, dejar de comprar indiscriminadamente cosas que ocupan espacio físico y hacerlo solamente en situaciones de sustitución, solo si algo deja de funcionar o se deteriora.

Ahora pensemos en clave de industria editorial. Obviamente, una de las primeras cosas que dejas de comprar son libros: la visión de esas estanterías llenas a rebosar desalientan. Uno descubre la biblioteca pública del barrio, se saca el carnet y descubre el placer de tener a su disposición miles de ejemplares sin que le abarroten el hogar. Y para verdaderos insaciables que no pueden esperar a tener entre sus manos ese texto para el que hay lista de espera, la idea de un dispositivo electrónico que proporciona una experiencia de lectura aceptable, que por muchos libros que contenga no ocupa más espacio, y mediante el cual podamos acceder (sea comprando o de otra manera) a títulos en cualquier hora del día, no puede ser más atractiva.

No obstante, en la edición internacional de El País del sábado, en su suplemento Babelia para ser más exactos, me topé con un artículo titulado «Diseño Inteligente (de libros)» en el que narraban que la lucha de las editoriales «contra el libro electrónico» se centra en un rediseño de las ediciones en papel (nuevas cubiertas, nuevos márgenes, nuevos tipos de letra…) para hacerlas más atractivas a los lectores consumidores.

Entre los culturetas que dirigen las editoriales españolas ¿no habrá estrategas capaces de olisquear el mercado, intentar ver cómo será el mundo en el futuro y adecuar su oferta a dicho futuro? No hay hogar que por problemas de espacio aguante el nivel de adquisición de libros que requiere la industria editorial para sobrevivir. No hay verdadero amante de los libros que sea capaz de tirar unos cuantos a la basura para hacer espacio para más libros. El libro electrónico debería ser la panacea para el sector editorial. ¿Por qué, entonces, lo consideran «el enemigo a batir»? ¿No se dan cuenta de esta grandísima contradicción?

Twitter, so 2008 – Calamaro explica el porqué

Leo en El País que el artista argentino Calamaro abandona su cuenta de Twitter. En su blog, que continuará manteniendo, explica de una manera florida el porqué (no hay permalinks, así que tendrán que buscar el artículo «Twitter idiota» a mano):

«140 caracteres pueden metérselos profundo en el medio del ojete me importa tres pepinos perder un segundo mas en el rebaño de boludos con blackberry o lo que es peor …. conectados a la nada a cambio de demostrar que son infantiles».

y sigue:

«Progresía aborregada, ideologías desaparecidas … extinguidas hace ya tiempo. Participar en un coro de subnormales generadores de concepto Light. Que asco de post modernismo (perdón si me río) …»

En fin, que se sigue demostrando que lo que dijimos hace casi dos años, cuando los grupos mediáticos dieron a los blogs por muertos y le deseaban larga vida al rey Twitter, fue una combinación de lógica y sentido común aplastantes, y se está cumpliendo.

Risk: the science and politics of fear

Lectura muy recomendable: risk. The science and politics of fear, de Dan Gardner. Lo lees, lo entiendes… Y te relajas, porque dejas de preocuparte de millones de cosas.

(Larga vida a Amazon.co.uk: 5 libras en lugar de las 9 marcadas en contraportada, y gastos de envío gratis para UK. En este país compro libros, ¡en España me niego!)