Si nos negamos a que se retengan datos es por algo. Es porque en un mundo perfecto, la transparencia sería la norma y en nada nos afectaría que se supiera todo sobre todos.
Pero en este mundo asqueroso, primero que por algún rasgo diferencial personal (ser gay, ser musulmán, ser judío, estar enfermo, ser de izquierdas… o de derechas) te puede ir muy mal en la vida (te pueden gasear, te pueden pegar, te pueden discriminar). Y segundo, que NO NOS PODEMOS FIAR DE LOS QUE CUSTODIAN ESTA INFORMACIÓN SOBRE NOSOTROS. Y esta noticia que leéis en el titular, que se publicó en El Mundo, lo confirma. Y bueno, de momento en el DNI español sólo tenemos «casi ná»: nombre y apellidos, fecha de nacimiento, dirección, por lo que los 25.000 afectados seguro que solamente recibirán un poquito más de spam en sus buzones. Pero cuando incorpore elementos biométricos y mucha más información, pues qué miedo que el Comisario Gutiérrez de turno venda los datos a Dios sabe quién… qué miedo.
Aquí tenéis el link a la tormenta barrapunto que se ha desatado al respecto.