Según este artículo de Stallman.com, el gurú del software libre nos invita a unirnos a un boycott de los libros de Harry Potter.
¿Por qué?
Pues porque algunos canadienses lograron comprar «por error» el último capítulo de la saga harripoteriana, y se les obligó desde la editorial (mediante orden judicial) que no los leyeran.
Es decir, prohibieron a unos canadienses que se leyeran un libro que habían comprado. ¿Para qué? Oh, pues porque todavía no había llegado la fecha de edición del libro en Canadá dictada por un inteligente departamento de marketing (supongo).
Lo mismo se dio en la comunidad hispanohablante – que a un pobre padre de familia argentino casi se le cae el pelo porque compró el libro en inglés y se lo tradujo a sus hijos (y colgó la traducción en Internet).
Los grandes grupos de la industria editorial y audiovisual no se enteran que están viviendo en un mundo nuevo y que sus ridículas restricciones basadas en criterios geográficos ya no tienen ningún ¡¡¡SEN-TI-DO!!!
Eso no es nada querida. Me se de un país nórdico donde es ilegal traerse de USA media docena de libros que todavía no están disponibles en el mercado de dicho país.