En días de SOPA y Megaupload, solo me quedan ganas de leer a Karl Popper.
Archivo por meses: enero 2012
iPad: el nuevo traje del emperador

Nunca me convenció el iPad. El iPhone, sí. Recuerdo la keynote en que Steve Jobs lo presentó y recuerdo la cara que se me quedó durante un par de días. Ya saben: la tecnología parece magia a los ojos de grupos humanos cuyo desarrollo científico no es capaz de explicar sus bases. Y sí, se me quedó cara de haber visto un milagro. Pero además le vi las posibilidades. Tras haber desarrollado aplicaciones móviles verticales (en Windows CE, Windows Mobile) desde el 2000, tras haber sido cliente de Palm desde la mitad de la última década del siglo pasado, no era ajena a llevar el organizador e Internet en el bolsillo. Pero la usabilidad que proporcionan los SmartPhones, la inmediatez en la búsqueda de información y el potencial de penetración en el mercado, finalmente sacando estos dispositivos del ámbito profesional/aplicación vertical y del ámbito geek, se me hicieron enormes. Unos años después, todo esto se ha materializado. Y con creces.
Con el iPad me pasó al revés. Se me hizo un gran «flop». La gracia, lo que de verdad hace a los SmartPhones interesantes es que te los puedes poner al bolsillo, y sustituyen algo: el teléfono móvil convencional, del que solemos no desprendernos: te metes Internet en el bolsillo, o sea, lo sacas a la calle. ¿El iPad? Un objeto de diseño bellísimo, pero no sustituye nada. Ni a un lector de tinta electrónica, ni a un teléfono, ni a un ordenador, ya sea netbook, porque honestamente, sin teclado ni ratón no hay creación ni trabajo productivo. Y para leer los correos de trabajo y contestar con monosílabos ya tengo el iPhone, thank you very much.
Ya hace muchos meses desde el lanzamiento del iPad. Se han vendido millones y millones de unidades. Supongo que muchos deben de estar en la mesita de centro, mezclado con las revistas, para ser utilizado para ver videos de YouTube (o cotillear en el Facebook durante los anuncios de la tele). Porque, ¿en qué situaciones de negocio/itinerantes lo he visto yo? (todo esto es real)
- El manager que llega a la reunión y necesita tres lugares, oiga, porque saca: el portátil del trabajo, el iPad, el iPhone, y cómo no, el cuaderno de notas y el boli (que es con el que acaba trabajando). RIDÍCULO.
- El ejecutivo de pose en la cafetería del AVE, balanceándose de lado a otro en la cola del café mientras intenta acertar en la tecla correcta a dedazos, muy esforzado. Y todos los demás mirándolo con sorna. RIDÍCULO.
- El junior en el avión ¡viendo películas de Disney! en un vuelo a Cancún. Tan alto, tan fornido, tan de gimnasio, tan pinta de VP en la empresa de papá, tan con pinta de Pocholo de vacaciones en el Caribe en un reportaje del ¡Hola! cualquiera, y viendo Cars en el iPad. RIDÍCULO.
- El turista ruso en el Parque Güell haciéndole fotos a su novia con el iPad. Interesante efecto óptico. Es como si fuera un hobbit con un SmartPhone, que se ve que le queda grande, pero, oh wait! Luego ves que el turista tiene el tamaño de los otros turistas que están haciendo fotos similares. Y al final caes: ¡es un iPad lo que está usando! De verdad que se ve… RIDÍCULO.
El iPad lo veo ideal para ciertas aplicaciones verticales en ciertos roles de trabajo muy concretos. Y para ver YouTube tirado en el sofá, como ya he dicho. Pero si leemos la prensa especializada, ¿qué es lo que se dice?
Titular en prensa: Según Tim Cook en su primera Keynote (el día de antes de la muerte de Jobs), el 80% de los hospitales en Estados Unidos están o bien desplegando soluciones basadas en iPad o probándolas.
Realidad: ¡Pues será en el hospital del Dr House! Pero bueno, aceptemos que en Estados Unidos hay muchos médicos muy bien pagados y que se hayan comprado su propio juguetito y se hayan instalado una «app» de estetoscopio. En realidad hay muchas aplicaciones médicas para iOS, pero si hablamos de sistemas hospitalarios de verdad, el veredicto es muy distinto. Jobs desdeña el uso de la encriptación de datos en sus dispositivos iOS. Los creadores de software clínico están como locos intentando cumplir con la legislación vigente (tanto en EEUU como en Europa), el resultado pasa por usar emuladores de sesión remota tipo Citrix para asegurarse que ni un bit clínico se guarde en el dispositivo. El resultado deja mucho que desear desde el punto de vista de la usabilidad. Not so fast, Mr Cook!
El traje nuevo del emperador (la copla con la que se quedan los que solamente se leen el titular): los médicos no podrían vivir sin iPads.
Titular en prensa: El informe de IDG Connect revela que el 91% de los empresarios y profesionales de TI del mundo utilizan su iPad para comunicaciones laborales. Miren, lean el informe en sí. Supongo que se estarán frotando los ojos igual que yo. Ver para creer…
Realidad: Whaat?? No querrán decir «técnicos de ventas» o «ejecutivos fardones»? Honestamente, yo me muevo en este mundillo y es difícil ver a un profesional TIC con un iPad. A muchos normalmente no nos gustan, desde luego no para trabajar, porque insisto, sin ratón ni teclado no hay quien escriba.
La copla con la que se queda el mundo en general: Buf, qué buenos los tablets, ¡si hasta los profesionales se han cambiado de bando!
Pardiez, que estábamos ante un bluff (muy lucrativo para Apple, igual que también lo es la venta de hamburguesas de McDonalds y ya sabemos que no son muy nutritivas) estaba claro, pero ¿qué es esta tendencia a metérnoslo por los ojos? ¿Por hacernos creer que son la bomba? Y ahora esta insistencia en mentir y tergiversar información me da mucho qué pensar. Me parece que está cercano el día en que un niño se plante y apuntando con el dedo exclame a todo pulmón:
Papá, papá, ¡el emperador va desnudo!
Quo vadis, Infonomia (parte II)
Hace poco escribimos sobre el fiasco de Infonomía con la sinfonía del milenio versión iPhone, porque lo aprovechamos como ejemplo del riesgo que asume una organización cuando apuesta o invierte por una plataforma cerrada sobre la cual no tiene ningún tipo de control. Pues bien. Hace unos días recibí otro mensaje de la lista de correo de Infonomía, en la cual se informaba que la actividad del grupo dejaba de publicarse en su sitio Web infonomia.com (que se convierte en mero repositorio, imagen congelada de la actividad pretérita) y pasaría a desarrollarse en ¡un grupo de LinkedIn!
Hale, tropezando dos veces con la misma piedra. La información publicada en LinkedIn es de LinkedIn. ¿Qué parte de esa frase no se comprende? Ellos pueden hacer lo que quieran con ella: borrarla, modificarla, vetar a miembros. Pueden cambiar su modelo de negocio y convertir la membresía a LinkedIn en un acto de pago. Incluso podrían quebrar como empresa y con ella se iría a pique el grupo, al quedar sin un espacio para interactuar… Como saben nuestros lectores, este cortomirismo (=ser corto de miras) nos desespera. Desde aquí sostenemos que es importante controlar nuestra presencia en Internet, y no dejarla en manos de terceros que, como decimos, pueden hacer con ella lo que quieran. Y además, hoy en día tomar una decisión de ese estilo ¡no significa que nos convirtamos en un ermitaño digital! Hay maneras de relativa baja complejidad (=cero líneas de código) de integrar nuestro mensaje en las plataformas que hoy están de moda (y mañana ya se verá). E incluso si se tuviese que rascar un poquito de JavaScript o PHP para invocar las APIs de dichos servicios, ¿dónde está el problema para una empresa que se define a sí misma como proveedora de servicios profesionales de innovación?
Así nos luce el pelo. Somos un país donde el visionario no es capaz de pensar en pasado mañana y donde ser innovador es tener cuenta de Twitter y llevarla impresa en la tarjeta de visita.
¡Happy 2012, amiguitos!