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Tintero enorme

Google Googles. Facebook Timeline. Salida a bolsa de la empresa de Zuckerberg. Legislación sobre el derecho al olvido en Internet. Comentarios a favor y en contra, incluídos los de Vint Cerf. Ley Sinde-Wert. ACTA, SOPA, PIPA. Terrorismo de Al Qaeda en Francia y Sarkozy usándolo como excusa para la monitorización de Internet. Los ingleses aprobando legislación similar. Y el colmo: Siri chivándole a Apple todo lo que le soplas al oído en la intimidad… Tantas cosas sobre las que podía haber escrito y no lo hice. ¡Este tintero se me está haciendo enorme!

iPad: el nuevo traje del emperador

iPad Hype Cartoon, visto en http://www.techautos.com/2010/01/28/analysis-apple-ipad-revolution-or-flash-in-the-pan/
Nunca me convenció el iPad. El iPhone, sí. Recuerdo la keynote en que Steve Jobs lo presentó y recuerdo la cara que se me quedó durante un par de días. Ya saben: la tecnología parece magia a los ojos de grupos humanos cuyo desarrollo científico no es capaz de explicar sus bases. Y sí, se me quedó cara de haber visto un milagro. Pero además le vi las posibilidades. Tras haber desarrollado aplicaciones móviles verticales (en Windows CE, Windows Mobile) desde el 2000, tras haber sido cliente de Palm desde la mitad de la última década del siglo pasado, no era ajena a llevar el organizador e Internet en el bolsillo. Pero la usabilidad que proporcionan los SmartPhones, la inmediatez en la búsqueda de información y el potencial de penetración en el mercado, finalmente sacando estos dispositivos del ámbito profesional/aplicación vertical y del ámbito geek, se me hicieron enormes. Unos años después, todo esto se ha materializado. Y con creces.

Con el iPad me pasó al revés. Se me hizo un gran “flop”. La gracia, lo que de verdad hace a los SmartPhones interesantes es que te los puedes poner al bolsillo, y sustituyen algo: el teléfono móvil convencional, del que solemos no desprendernos: te metes Internet en el bolsillo, o sea, lo sacas a la calle. ¿El iPad? Un objeto de diseño bellísimo, pero no sustituye nada. Ni a un lector de tinta electrónica, ni a un teléfono, ni a un ordenador, ya sea netbook, porque honestamente, sin teclado ni ratón no hay creación ni trabajo productivo. Y para leer los correos de trabajo y contestar con monosílabos ya tengo el iPhone, thank you very much.

Ya hace muchos meses desde el lanzamiento del iPad. Se han vendido millones y millones de unidades. Supongo que muchos deben de estar en la mesita de centro, mezclado con las revistas, para ser utilizado para ver videos de YouTube (o cotillear en el Facebook durante los anuncios de la tele). Porque, ¿en qué situaciones de negocio/itinerantes lo he visto yo? (todo esto es real)

  1. El manager que llega a la reunión y necesita tres lugares, oiga, porque saca: el portátil del trabajo, el iPad, el iPhone, y cómo no, el cuaderno de notas y el boli (que es con el que acaba trabajando). RIDÍCULO.
  2. El ejecutivo de pose en la cafetería del AVE, balanceándose de lado a otro en la cola del café mientras intenta acertar en la tecla correcta a dedazos, muy esforzado. Y todos los demás mirándolo con sorna. RIDÍCULO.
  3. El junior en el avión ¡viendo películas de Disney! en un vuelo a Cancún. Tan alto, tan fornido, tan de gimnasio, tan pinta de VP en la empresa de papá, tan con pinta de Pocholo de vacaciones en el Caribe en un reportaje del ¡Hola! cualquiera, y viendo Cars en el iPad. RIDÍCULO.
  4. El turista ruso en el Parque Güell haciéndole fotos a su novia con el iPad. Interesante efecto óptico. Es como si fuera un hobbit con un SmartPhone, que se ve que le queda grande, pero, oh wait! Luego ves que el turista tiene el tamaño de los otros turistas que están haciendo fotos similares. Y al final caes: ¡es un iPad lo que está usando! De verdad que se ve… RIDÍCULO.

El iPad lo veo ideal para ciertas aplicaciones verticales en ciertos roles de trabajo muy concretos. Y para ver YouTube tirado en el sofá, como ya he dicho. Pero si leemos la prensa especializada, ¿qué es lo que se dice?

Titular en prensa: Según Tim Cook en su primera Keynote (el día de antes de la muerte de Jobs), el 80% de los hospitales en Estados Unidos están o bien desplegando soluciones basadas en iPad o probándolas.
Realidad: ¡Pues será en el hospital del Dr House! Pero bueno, aceptemos que en Estados Unidos hay muchos médicos muy bien pagados y que se hayan comprado su propio juguetito y se hayan instalado una “app” de estetoscopio. En realidad hay muchas aplicaciones médicas para iOS, pero si hablamos de sistemas hospitalarios de verdad, el veredicto es muy distinto. Jobs desdeña el uso de la encriptación de datos en sus dispositivos iOS. Los creadores de software clínico están como locos intentando cumplir con la legislación vigente (tanto en EEUU como en Europa), el resultado pasa por usar emuladores de sesión remota tipo Citrix para asegurarse que ni un bit clínico se guarde en el dispositivo. El resultado deja mucho que desear desde el punto de vista de la usabilidad. Not so fast, Mr Cook!
El traje nuevo del emperador (la copla con la que se quedan los que solamente se leen el titular): los médicos no podrían vivir sin iPads.

Titular en prensa: El informe de IDG Connect revela que el 91% de los empresarios y profesionales de TI del mundo utilizan su iPad para comunicaciones laborales. Miren, lean el informe en sí. Supongo que se estarán frotando los ojos igual que yo. Ver para creer…
Realidad: Whaat?? No querrán decir “técnicos de ventas” o “ejecutivos fardones”? Honestamente, yo me muevo en este mundillo y es difícil ver a un profesional TIC con un iPad. A muchos normalmente no nos gustan, desde luego no para trabajar, porque insisto, sin ratón ni teclado no hay quien escriba.
La copla con la que se queda el mundo en general: Buf, qué buenos los tablets, ¡si hasta los profesionales se han cambiado de bando!

Pardiez, que estábamos ante un bluff (muy lucrativo para Apple, igual que también lo es la venta de hamburguesas de McDonalds y ya sabemos que no son muy nutritivas) estaba claro, pero ¿qué es esta tendencia a metérnoslo por los ojos? ¿Por hacernos creer que son la bomba? Y ahora esta insistencia en mentir y tergiversar información me da mucho qué pensar. Me parece que está cercano el día en que un niño se plante y apuntando con el dedo exclame a todo pulmón:

Papá, papá, ¡el emperador va desnudo!

Las plataformas cerradas y el riesgo empresarial

La tecnología no es neutral y la manera en que se controla denota estructuras de poder. Si decides jugar con plataformas cerradas y muy controladas por el fabricante, sabes a lo que te expones. Eso seguro ha pasado por la cabeza de Alfons Cornella (Infonomía) en las últimas semanas tras el fiasco de la iniciativa Sinfonía 11-11-11. Siento que les haya ido mal, pero a mí me han dado al fin un ejemplo de cariz público para explicar el peligro que se asume cuando se apuesta cuando no tienes control de tu proyecto.

Hace unas semanas los miembros de las listas de correo de Infonomía recibimos un mensaje algo confuso relacionado con la efeméride numérica del 11-11-(20)111. “Algo que contaremos a nuestros nietos”, se titulaba la misiva, y en ella se nos invitaba a participar de una “sinfonía sincronizada a nivel mundial”. Se trataba de instalar una aplicación en tu SmartPhone que el día 11 de noviembre a las 11 reproduciría la 9ª sinfonía de Beethoven, “todo el mundo a la vez” (El pequeño detalle obviado, que en la Tierra hay un montón de husos horarios y cómo diablos se podía compaginar el “todos a la vez” con “a las 11 de la mañana”, no es objeto de esta historia). Ese mensaje ya portaba una bandera roja: “la aplicación para Android ya está lista; la de iOS para Apple iPad, iPod, iPhone está presentada y en breve será aprobada para ser publicada en la App Store”.

El 10 de noviembre, día anterior a la efeméride, recibimos otro correo de Alfons Cornella. En este se nos dice que la aplicación para iOS no se ha aprobado y se nos asegura que “no se trata de problema de contenido ni de calidad técnica”. Se invita a los usuarios de iPhone a reproducir la sinfonía desde YouTube a la hora acordada.

¡Menudo fiasco! Se quedaron con la aplicación desarrollada e inutilizable, todo debido al sistema de control de aplicaciones para iPhone. Y es que cuando decimos que Apple aplica un control férreo sobre su plataforma, queremos decir férreo de verdad. Microsoft es abierto y flexible en compraración. Existen dos modalidades para distribuir aplicaciones iOS, Una es la distribución Ad Hoc, que solamente alcanza para instalar la aplicación en 100 dispositivos. La otra es la distribución a través de App Store. Para ello tienes que enviar tu aplicación a Apple para que la inspeccionen (en el plano contenidos y en el técnico) y decidan si se puede publicar en la App Store o no. El proceso toma de una a dos semanas, pero podría tomar más. No hay manera de asegurar que una aplicación será aprobada. Ha habido casos en que la excelencia técnica estaba fuera de toda duda, pero Apple ha decidido no aprobarla ya que podría resultar competencia para alguna línea de negocio de Apple. Luego está el tema de la censura. Es famosa la política 0 pornografía que estableció el difunto Steve Jobs, y ya saben que el tema del porno (igual que la seguridad) es siempre la razón esgrimida para que traguemos con medidas de control que pueden ser aplicadas a cualquier otra área. Pero el resumen es: alguien en la sede de Apple en Cupertino decide si eso en lo que has trabajado meses, en lo que te has gastado decenas de miles de euros, o centenas de noches pasadas en vela, es para tirar a la basura.

Comparen a cómo va esto con Windows Phone 7 (y cualquier otra versión de sistema operativo móvil de Microsoft, desde antes de inicio de siglo…). Tú te compras el Visual Studio que toque y desarrollas. Empaquetas tu software en un fichero CAB u otro método de instalación. Te construyes un sitio Web, o cualquier otro mecanismo al alcance a tus clientes o público para que puedan descargarse dicho instalador y leerse las instrucciones que les proporcionas. En esta plataforma, tú como desarrollador controlas mucho de tu modelo de negocio y su cadena de valor: decides lo que creas, cómo lo cobras, cómo lo distribuyes.

Alfons Cornella y el equipo de la sinfonía se pegaron ese batacazo. La app no se aprobó a tiempo, de hecho no se aprobó, y el golpe efectista esperado con su iniciativa resultó por lo tanto muy descafeinado. Me sabe mal por ellos, pero honremos su esfuerzo sacando algo positivo de la situación. Aprendamos todos la lección: si no tenemos la sartén por el mango, corremos un riesgo difícil de controlar.