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Amazon y Correos, historia de un desencuentro

logo de amazon.es
Hace unas semanas, Amazon al fin aterrizó en España y abrió sus puertas en amazon.es. Al llegar casi 14 años después de la puesta en marcha de su primera filial en Europa,, están muy trillados los estudios del impacto que esta empresa tiene en varios sectores de actividad (libreros; empresas de logística o de paquetería, como quieran llamarlas) y se entiende, sin lugar a dudas, que para el segundo el volumen de negocio sube (ahí va un estudio de la OCDE sobre el tema).

Diríase que en España esa empresa paraestatal que es de todos, Correos, se habría preparado para atraer parte de todo ese nuevo tráfico. Porque incluso si no pueden ajustarse a los precios que dicta un cliente con mucha fuerza (Porter’s 5 forces!) y hacerse cargo de parte o todos los envíos de Amazon.es, seguro que podrían beneficiarse del trasiego de paquetes que el asunto de las devoluciones está generando. En el imaginario popular, Correos es más barato que las empresas mensajeras, y la capilaridad de su red de oficinas desde luego hace que sea más accesible a los particulares que tienen que hacer envíos hacia el centro de devoluciones de Amazon.

¿En la realidad? Ahí va mi experiencia personal.

Ubicación: oficina de Correos de mi barrio.

Yo: Quiero mandar este paquete certificado.
Funcionaria de Correos (FC): Pues veo que en la etiqueta de destino que has puesto hay un código de barras (el que requiere Amazon para que la devolución se procese eficientemente). Te lo tengo que tachar para que no se confundan los que manipulan el paquete.
Yo: Pero esto es ridículo. Un empleado de Correos es capaz de distinguir un código de barras de Correos de algo que aparece en la etiqueta que claramente ha pegado el remitente.
FC: Tú haz lo que quieras, pero puede haber problemas y se pierden paquetes por esto, conste que te he avisado.

Y la FC en cuestión no es mala persona, ni tiene mal talante, ni es inflexible, ni nada de eso. Ella en base a su experiencia diaria quería ayudar. Mi paquete se puede perder. Solamente me avisa.

Pero, ¿y sus jefes? ¿Los ejecutivos, responsables de cuenta de resultados que deberían estar como locos intentando generar más negocio? ¿No han visto que esto es una “mina”? ¿Por qué no exigen a los “process owners”, jefes de logística y demás, que revisen sus procesos internos para asegurar que no van a “tropezar” con un tipo de servicio que puede convertirse en un buen porcentaje de su actividad? ¿No piensan moverse ni un ápice para asegurar que estos miles y miles de nuevos clientes tengan una buena experiencia con el servicio, aunque sean clientes ocasionales? ¿De qué va esto?

La respuesta esté probablemente aquí. Están demasiado ocupados mirándose el ombligo ¿o quizás creen que Libranda “es la tienda eCommerce que revolucionará este sector en España? ¿Amazon? ¿Amazon Who?

Oportunidad de negocio: conviértete en un cajero automático ambulante

Paisaje en la sierra de Alcaraz
Cuando yo era pequeñita veraneaba con mis abuelos en un cortijo perdido en la Sierra de Alcaraz. Recuerdo con franco cariño cómo esperábamos la visita de Constante. Constante tenía una furgoneta blanca cargada de víveres: fruta, pan, etc. y se dedicaba a vender sus productos en las aldeas y casas aisladas de la zona. Ese día era especial, porque mi abuela, que en paz descanse, consentía a sus nietos con unas tortas de aceite que estaban buenísimas.

Hoy me he acordado de Constante porque en el ABC he leído que debido a las medidas de ahorro que están implementando los bancos (en realidad todas las empresas), cientos de pueblos en España se están quedando sin sucursales bancarias, y lo que es peor, sin cajeros automáticos.

La oportunidad de negocio está clara: si tienes vehículo, ponle un altavoz en el techo, créate una cuenta de PayPal; pasa por la sucursal bancaria que más te convenga y haz un reintegro de bastantes euros; haz la ruta de los pueblos con un ordenador portátil y un pinganillo 3G, y haz tú de cajero. El vecino que quiera efectivo que venga a ti con la tarjeta de crédito o débito; enséñale a hacer un pago con ella hacia tu cuenta PayPal, y tú le das el efectivo en mano, quedándote por supuesto con un mínimo de comisión, algo que no sea abusivo, para que resulte atractivo a los vecinos y lo prefieran antes de pagar gasolina/autobús y perder tiempo en el desplazamiento.

Vale, la idea es peregrina, pero no es más que un ejemplo de que “la ocasión la pintan calva” y que en tiempos de crisis hay que aguzar el ingenio.

Cerebros electrónicos

Actualmente mi libro de cabecera es Electronic Brains: Stories from the Dawn of the Computer Age, por Mike Hally. Aunque es fascinante leer sobre la época de los pioneros en el campo de la computación (y descubrir joyas como que la primera persona en idear y construir un compilador fue una mujer, Grace Hopper, o aprender sobre el ordenador más loco jamás concebido, el MONIAC o Monetary National Income Analogue Computer, un dispositivo hidráulico que modela sistemas económicos à la Keynes ¡y que sustituye complejos cálculos por flujos de agua, que siguen las mismas ecuaciones!), lo interesante del libro es cómo se gestó y cómo llegó a mis manos. Todo esto con una morriña aguda de la pérfida Albión. Aunque hay muchas cosas con las que no estoy de acuerdo, ¡hay tantas otras que echar de menos de allá!

Una de ellas, la BBC. Corporación radiotelevisiva con unos objetivos claramente especificados de proporcionar servicio al pueblo británico y promocionar la nación y sus productos en el mundo que tiene un talento especial en generar programas de altísima calidad. La joya de la corona, para mí, son los programas de Radio 4, y para muestra un botón: Electronic Brains, precisamente (están disponibles en su página Web).

Un programa así en cualquier cadena de radio española es un sueño guajiro.

Además, al productor del programa le supo mal que se desperdiciara todo el material recopilado pero descartado por obvios motivos de extensión. Ni corto ni perezoso se puso a escribir el libro que ahora mismo está en la mesita de al lado de mi cama.

La cosa no acaba ahí. Hace apenas unas semanas, de vuelta en UK, pasamos por la biblioteca de nuestro ex-pueblo. En las bibliotecas inglesas hay una constante renovación del acervo bibliográfico y los libros descartados se ponen a la venta a unos precios simbólicos. Y es que por aquellos pagos no predomina esa idea de “mejor lo tiro a la basura que bajarle el precio”, antes el orgullo que el comercio, tan propia de la piel de toro. En resumen: por mi copia de “Electronic Brains” pagué menos de una libra esterlina. Acceso (semi) gratuito a la cultura incluso en zonas deprimidas. ¡Qué envidia!

Y eso que la primavera es la mejor estación en Barcelona. Cuando apriete el calor echaré a faltar mucho más ese “green and pleasant land” :(

Visión periférica

A veces me agota mi modo de ver las cosas intelectualmente hablando. Lo que tengo delante lo obvio, es conocido, me aburre, lo practico solamente bajo presión. Pero lo que está en la periferia del tema a tratar es otro cantar… me pongo a rascar, a investigar, a aprender más, y a medida que esa periferia se hace otra vez centro, vuelvo a rascar por los bordes… es el nunca acabar. A veces envidio el modo de ver las cosas no de los que se enfocan y sacan faena (esto ya es cuestión de disciplina, en ese aspecto yo completo muchísima y siempre a tiempo, aunque dijéramos que la cosa se pone “emocionante” hacia el final), sino de los que solo conocen una manera de hacer las cosas, se dedican solo a ella y la subliman hasta la perfección (o no). ¡Qué paz, qué sosiego, qué tranquilidad mental!

El precio de los libros en España

Una, que está acostumbrada a Amazon y a los precios en Inglaterra (donde el comercio se lleva más en las venas que en latitudes más sureñas, y un tendero prefiere vender barato antes de que se le pudra la mercancía o incurra en unos gastos brutales por almacenamiento de stock viejo), así que de pasta de boniato me quedé el lunes en Valencia trasteando por la pequeña tienda FNAC de la estación del AVE allá, y hoy en Atocha en el quiosquito de la estación. Libros de bolsillo de una calidad de impresión ínfima, y de calidad intelectual por determinar -desde los últimos bestsellers que nos llegan de Escandinavia hasta los textos de autoayuda para ejecutivos o wannabes que si no está en PowerPoint ni se lo miran- a unos precios exorbitantes: 15 € lo más barato que te puedes echar a la bolsa para hacer tu trayecto más llevadero.

Y luego dirán que es Internet lo que mata(rá) a la industria editorial…

Al fin… lector con tinta electrónica a color

No es un secreto que estoy agobiada con tanto libro en casa. La solución la tengo clara desde hace mucho tiempo: solo mantener en las estanterías los libros que aportan valor al ser tangibles (esos tan bonitos de fotografía, los manuales de idiomas, otros materiales de referencia…) y el resto, digitalizados y al disco duro portátil y para leerlos, en el eBook. Todavía no he comprado dicho dispositivo. Mis requerimientos son claros: tiene que ser tinta electrónica (bastante miro la pantalla del ordenador para además dejarme los ojos con una pantalla retroiluminada) y que muestre color. El problema ha sido el nefasto iPad de Apple. Los desarrolladores de eBooks se han quedado congelados, como ciervos ante las luces de un coche, a la espera de la hecatombe predicha por los generadores de ruido y hype. Ni un euro (yen, dólar, yuan) en investigación y desarrollo hasta que pase la tormenta. Bien, afortunadamente alguien ha salido del sopor. La empresa china Hanvon acaba de presentar el primer eBook con tinta electrónica y a color. ¡A ver dónde consigo uno!

Surrealista ONO

Está el técnico de ONO intentando instalarnos el teléfono, la tele por cable e Internet, el decodificador no descarga software y está esperando a que le traigan uno nuevo. Lleva dos horas esperando, estamos pensando en darle de cenar…….. porque de aquí no le dejamos que se vaya si no queda to’ bien puestico :)

Lanzanos.com: KickStarter a la española (o cómo obtener patrocinio altruista para tu proyecto)

Hace unos meses un amigo me habló de KickStarter, un portal en el que personas con una idea e inquietud de lanzar un proyecto lo publicitan, y donde el público en general puede apoyar los proyectos que más les gusten vía pago por Internet (en ese caso usando la pasarela de pagos de Amazon).

Hoy me he enterado de la existencia de lanzanos.com, portal en español con funcionalidad similar.

Me gustaría ver un giro de tuerca más a este tipo de iniciativas. El patrocinio altruista está muy bien, ¿pero qué tal poder gestionar microinversiones con retorno en base al rendimiento y al monto invertido? Me gustaría ver una aplicación en la cual se pudieran gestionar microcarteras de inversión en proyectos semilla de iniciativas que tengan potencial de ser rentables a medio o largo plazo.

Stuff y los modelos económicos sostenibles

Stuff. Cosas, trastos, “pongos”, libros, CDs. Poco a poco los vamos acumulando y llega un momento en el cual nos damos cuenta que han invadido totalmente nuestros hogares y nos ahogan con su presencia. Tener muchas cosas pesa, tener un número creciente de cosas en un espacio que no se expande agobia.

Típicamente ese momento nos llega cuando incursionamos en la mediana edad, es decir, cuando nuestro poder adquisitivo está en su nivel más alto, cuando tenemos más capacidad de comprar más cosas. En dicho punto hay solamente tres cosas que podemos hacer: 1. desarrollar un síndrome Diógenes y seguir acumulando hasta el punto de no poder hacer vida normal en casa. 2. incrementar el espacio, es decir, mudarnos a una casa más grande, o 3. cambiar de hábitos de consumo, dejar de comprar indiscriminadamente cosas que ocupan espacio físico y hacerlo solamente en situaciones de sustitución, solo si algo deja de funcionar o se deteriora.

Ahora pensemos en clave de industria editorial. Obviamente, una de las primeras cosas que dejas de comprar son libros: la visión de esas estanterías llenas a rebosar desalientan. Uno descubre la biblioteca pública del barrio, se saca el carnet y descubre el placer de tener a su disposición miles de ejemplares sin que le abarroten el hogar. Y para verdaderos insaciables que no pueden esperar a tener entre sus manos ese texto para el que hay lista de espera, la idea de un dispositivo electrónico que proporciona una experiencia de lectura aceptable, que por muchos libros que contenga no ocupa más espacio, y mediante el cual podamos acceder (sea comprando o de otra manera) a títulos en cualquier hora del día, no puede ser más atractiva.

No obstante, en la edición internacional de El País del sábado, en su suplemento Babelia para ser más exactos, me topé con un artículo titulado “Diseño Inteligente (de libros)” en el que narraban que la lucha de las editoriales “contra el libro electrónico” se centra en un rediseño de las ediciones en papel (nuevas cubiertas, nuevos márgenes, nuevos tipos de letra…) para hacerlas más atractivas a los lectores consumidores.

Entre los culturetas que dirigen las editoriales españolas ¿no habrá estrategas capaces de olisquear el mercado, intentar ver cómo será el mundo en el futuro y adecuar su oferta a dicho futuro? No hay hogar que por problemas de espacio aguante el nivel de adquisición de libros que requiere la industria editorial para sobrevivir. No hay verdadero amante de los libros que sea capaz de tirar unos cuantos a la basura para hacer espacio para más libros. El libro electrónico debería ser la panacea para el sector editorial. ¿Por qué, entonces, lo consideran “el enemigo a batir”? ¿No se dan cuenta de esta grandísima contradicción?